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Bajo tierra

Sep 8
2 min read

por Felipe Devincenzi Uno de los mejores cuentos de Bolaño se titula El policía de las ratas. No es metáfora, sino que describe un alcantarillado donde detectives, víctimas y asesinos son roedores discurriendo en la oscuridad. Subterráneo o no, el laberinto es idóneo a la literatura. Asterión, de Borges, pasa sus días esperando a Teseo. El profesor Lidenbrock viaja al centro de la Tierra guiado por una brújula. Underground, de Kusturica, muestra una comunidad serbia que vive en un sótano. Cuando asoman a la superficie, Jovan confunde el resplandor de la luna con el sol.

 

Las ciudades resguardan estos escenarios paralelos, geológicos y pluviales. En París hay 300 km de catacumbas. Buenos Aires, por su lado, se levanta sobre un sistema sanguíneo que distribuye las lluvias. Según el municipio, entre ductos y ramblizos suman 840 kilómetros. El arroyo Vega es la sombra de Blanco Encalada, mientras que el Medrano atraviesa la General Paz hasta Núñez. A diferencia de Ámsterdam, la estrategia porteña fue de cloaquización: Coghlan trazaría un sistema rudimentario, luego retomado por John Bateman, que compensaría la licitación del puerto con años de sobreprecios y obra hidráulica.

 

Durante el gobierno de Yrigoyen empezó a entubarse el Maldonado. Hoy es una cantera que nace en San Justo y desemboca en la Costanera. No sorprende que semejante arteria propicie lo clandestino. Desde 1970, las organizaciones políticas adoptaron el epíteto frente a la represión. Ese año se formó el ERP. A fines del 76, ya diezmados, varios combatientes descendieron al Maldonado con un bote de goma y dos cargas de nitroglicerina y gelamón. Durante meses atravesaron los intestinos urbanos a remo. El 18 de febrero de 1977 dispusieron los explosivos bajo aeroparque. Mientras despegaba un Fokker F-28 con Videla y Martínez de Hoz a bordo, la primera detonación hizo un boquete de cinco metros de pista. La segunda, que debía derribar el avión, falló por un tema de cableado.

 

Los guerrilleros descendían y emergían del acueducto con una furgoneta desfondada. Eso emularían, 30 años más tarde, los ladrones del Banco Río de Acassuso. La banda construyó un túnel anexo y un dique que garantizaba el cauce, tal como detalla Luis Beldi en el Robo del siglo. Tras el asalto, cargaron 20 millones de dólares en gomones y huyeron. Como Lidenbrock, o como el policía de las ratas, avanzaron bajo el eco oxidado de la superficie. Lentos, a ciegas, pero siempre hacia adelante. // RR.PP.

Plano pluvial, cortesía de @arroyoslibres

 
 

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