El umbral africano
- Jun 17
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por Felipe Devincenzi
Puse un pie en Tánger sin saber que era una de las ciudades más bellas del continente, ni que entre 1924 y 1956 fue un protectorado y por ende hogar de espías, drogadictos, beatniks, homosexuales, ni que en los salones aterrazados del Café Hafa, frente al azul diáfano del Gibraltar, Goytisolo concibió Don Julián tras avistar la costa andaluza, dando rienda a oraciones continuas: apenas espaciadas por dos puntos: escupiendo la repulsa de esa tierra ingrata: franquista: país al que jamás quiso volver.
No fue el primero en entregarse al laberinto albiceleste de su medina, o al improvisado coro de los almuédanos, o al crepúsculo que destiñe sus tumbas fenicias y las santarritas y enredaderas de sus murallas. The Dog Barks dedica un breve ensayo a la ciudad, donde Capote la define mágica y atemporal; Tangerina es el intento de Valenzuela de elevarla al L.A. de Chandler y en Librerías, de Carrión, se resume la historia de la Libraire des Colonnes, sita en el 54 del bulevar Pasteur, local estrecho y frecuentado por Ángel Vázquez y el intrépido Eduardo Haro Ibars, de quien subrayo estos versos: te levantas cenizas y te duermes azufre / pero nadie conoce tus insomnios.
El caso icónico es el de Paul Bowles. Crece en Nueva York y a pesar de componer piezas corte Gershwin, viaja, se asienta en Marruecos y se dedica a escribir. En el documental de Ulad-Mohand confiesa: “viví acá 59 años y sigo siendo un turista”. Ante la mirada de sus vecinos siempre será un nsrani (نصراني), un cristiano, o sea un outsider. The Sheltering Sky (1949) dramatiza tanto esa frontera como el tedio del expatriado: It takes energy to invest life with meaning, and at present this energy was lacking. Bertolucci la llevaría al cine en el 90’, acaso una excusa para tributar los hipnóticos paisajes de Aït-Ben-Haddou y el Sahara.
Pero a pesar del asumido abismo ante lo musulmán, Goytisolo y Bowles fueron más allá. El primero ignoró la represión de Hasán II y priorizó las miserias europeas, acusadas en sus muchas columnas para El País. Bowles tradujo del árabe El pan a secas, de Mohammed Chukri, iniciación descarnada de un migrante del Rif y negativo de la sintaxis mudéjar de La vida perra de Juanita Narboni.
Ajenos a las barriadas de Bni Makada o al perfil marplatense del centro, el hechizo que los expatrió es evidente. El mundo árabe resguarda no pocos privilegios; vislumbrar el puerto de Tánger por la noche, frecuentar las plazas del Marshan al atardecer o alquilar una pequeña casa en la Kasbah son algunos imprescindibles. // RR.PP.
Fotos: Felipe Devincenzi






















