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Golden boys /4

4 days ago
2 min read

por Felipe Devincenzi Primero destellos blancos, luego hacemos foco y una chopper marina descansa sobre el asfalto. Las tomas alternan detalles mecánicos con un set de filmación: una carrera lunar: el neón de una estación de servicio. Cada plano es estético y sigiloso y el cameo enaltece las transiciones de Tú me enloqueces, comedia musical que dirigió y financió Sandro en el 76, sumándose a los diez largos que protagonizara esa misma década.

 

El debut realizador despunta una sutileza extrema en la mirada, acaso la misma que destacara su fraseo sobre el de Favio, Ortega y toda una generación. La simbiosis con la cámara fue constante: empezó revoleando una chaqueta en Sábados Circulares, clavando ojos felinos en clips saturados de erotismo pero también en entrevistas. Acá se desdobla: cuando habla es un intelectual y reemplaza altivez por empatía y solemnidad por sentido del humor.

 

No hay un solo registro que escape al zen. Cuando almuerza con Mirtha latiga: “Mi mundo es una condensación de piel y sensibilidad, tratando de llegar a la comprensión interior, que es lo más dificil”. En 1983, junto a Pinocho Mareco, recita a Whitman de memoria y asegura que su poesía lo llevó “a descubrir la importancia de las cosas más simples”. En ese programa se sienta al piano y ataca los acordes de Así: primero sondea la canción pero luego alza vuelo y su tono produce estupefacción.

 

En 1990 arriesgó como presentador y productor de Querido Sandro, programa de variedades transmitido por el 13. No escatimó gastos: era el mejor sonido de la tele argentina y los invitados se alborozaban. Nebbia, Pappo, Dolina, Gasalla… El rock lo abrazaba como pionero, Charly pedía su voz en Tango 4 y Gieco los sumaba en Mi Amigo.

 

En 1998 le diagnosticaron un enfisema pulmonar. En el 99 llenó 44 Gran Rex: seguía cantando con un tubo de oxígeno enchufado al micrófono. Tras el escenario se recluía en el fortín de Banfield, donde supo armar un estudio de primera y vivir estoico, junto a su madre, enamorado de los pájaros y su jardín.

 

Lo velaron más de 50 mil personas en 2010. Dice Nora Lafón, su jefa de prensa, que en el responso pusieron Guitarras al Viento por orden de los curas. Su obra y su muerte contradicen lo que dijera a Mareco aquella tarde en ATC: “Me levanto temprano porque tengo muchas cosas para hacer en el día y el día no me alcanza jamás... No me alcanza la vida”. // RR.PP.


 
 

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