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Ho visto Messi

Oct 8
2 min read

por Felipe Devincenzi Como pasa con los héroes clásicos, nada nuevo puede escribirse sobre Messi. Las palabras que rondan su trayectoria son variaciones de estadísticas demenciales, de gestas y coreografías que ahora sintonizamos por youtube con una insólita combinación de melancolía y sorpresa. Mi preferida: desde su debut mundialista en 2006, la mitad de los goles argentinos del certamen fueron convertidos o asistidos por él. Este martes, en su amistoso final, sumó tres participaciones contra Benín, llevando el global a 196 en 208 partidos.

 

Noche agridulce: quienes tuvimos la dicha de presenciar la despedida restauramos las certezas que nos deparó la última copa del mundo. Messi está en perfecto estado físico, es creativo como falso enganche, reactivo como nueve, corre la pelota como si peleara la titularidad. En el mundial 2026, edición única en cuanto a individualidades, efectividad defensiva (España) y desborde ofensivo (Francia), el 10 desequilibró más que nadie, superando su propia versión de 2022. Lo jaquearon la enfermedad del padre, el irreverente panelismo argentino, la tormenta de mierda de las redes, pero nada capaz de diluir su quintaesencia.

 

Así y todo es natural ver argentinos contrastando con la adversidad o la decadencia. Borges y la ceguera, Favaloro y la deuda, San Martín y el exilio. El 6/10/26 no es ajeno: como evento fue organizado por una empresa que muchos aseguran testaferra de Chiqui Tapia, quien gestiona con esa ventura que emparentó a Macri al Boca de Bianchi. Detalles: en el Monumental no hubo pantallas, los hinchas consultaban el minutero por celular, el audio fallaba y la audacia marketinera escandalizó en los drones. El show, propiamente dicho, fue deportivo: una selección con llegada, riesgo, pases cruzados y un oponente que resistió y propuso los primeros 45'.

 

Hace poco entrevisté a un fotógrafo que supo retratar las tribus vudús en ese país africano. Me explicó que el culto distingue varias fuerzas que responden a una sola deidad bicéfala. Hasta el 17 de Agosto de 2005 los argentinos creíamos en un fútbol monoteísta. Las carreras de Maradona y Messi sugieren algo más complejo: fueron, como creen en Benín, manifestaciones de lo divino. Dentro de 20 o 30 años no pocos podremos asegurarlo. // RR.PP.

Fotos del autor

 

 
 

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