Sobre 'Formas al desaparecer'
- Apr 26
- 3 min read
por Felipe Devincenzi
Epígona del cross-over que profesaba Clube da Esquina y del intimismo de Joni Mitchell, Martina Liviero se formó como violinista en Buenos Aires, su ciudad natal, antes de emigrar a Boston y volcarse de lleno a la composición. Formas al desaparecer (2026) es su ópera prima: una apuesta que entrelaza la canción de autor con piezas instrumentales, arreglos complejos y cierto blue subsidiario del folk neoyorquino.
En efecto, Liviero reside en Brooklyn hace varios años, donde grabó parte del LP que publicará en mayo. Su score es perspicaz en la obertura, en los corales de clarinetes y la presencia de marimbas y sintes, aunque no deja de responder al arpegiado de su guitarra, como ya se intuye en su primer single, Florecer.
¿Dónde grabaste?
Gran parte del álbum se grabó en Belo Horizonte. Elegí hacerlo ahí porque la música de Minas Gerais es una gran influencia para mí, particularmente el Clube da Esquina y la Música Popular Mineira. Hay una larga tradición de artistas de los 70 que se juntaron para hacer esa música increíble, como Milton Nascimento, Tavinho Moura, Beto Guedes y Lô Borges.
¿Cómo replicaste esa búsqueda?
Junto a Rafael Martini, un músico mineiro que produjo el disco conmigo, elegimos usar las marimbas creadas por Marco Antônio Guimarães para capturar el sonido distintivo de Minas Gerais, donde destaca la percusión afinada. Esas mismas marimbas se escuchan en discos de Paul Simon, Philip Glass y Milton Nascimento junto al grupo UAKTI. Pude hacer algunos arreglos para complementar la tímbrica del disco y trabajar con esos instrumentos. Por otra parte, trabajé con dos músicos que admiro desde muy chica: Rafael Martini, compositor y cantautor mineiro que actualmente forma parte del grupo de Egberto Gismonti, produjo el disco; y Joana Queiroz, una clarinetista que admiro mucho, grabó los arreglos de clarinete, que escribí pensando en ella.
¿Y en EEUU?
Hay otras capas del disco que fueron grabadas en Brooklyn. Ahí añadí las guitarras de acero y eléctricas que no había incluido en Brasil. También escribí arreglos para Will Graefe, Martin Nevin, Julian Shore y Ari Chersky, músicos increíbles de NY. Lo último que grabé fueron las voces.
¿Cómo elegiste la instrumentación?
La decisión arreglística fue develándose de a poco, a medida que avanzaba la preproducción. La decisión clave y consciente de no usar percusión ni batería surgió como resultado de una búsqueda más íntima, centrada en la sutileza de los sonidos orgánicos y analógicos, en contraste con los synths o la manipulación digital. Quise mantener la guitarra criolla y la voz como núcleo, pero construir capas tímbricas pulsadas (guitarras acústicas, marimbas, piano, etc.) en diálogo con capas de sonidos más sostenidos (eléctricas, synths, órgano, notas largas de marimbas tocadas con arco, etc.). También imaginé clarinetes que fueran bordeando esas texturas y escribí esas partes para Joana. El contrabajo también fue clave para sostener el ensamble, arraigar las capas y darle profundidad al sonido. Por otra parte, jugamos mucho con delays analógicos en el estudio junto a Pedro Durães, el ingeniero de Belo Horizonte que mezcló el disco.
¿Qué es lo mejor de haber estudiado en Berklee?
Supongo que es un buen lugar para estudiar y armar proyectos que requieran cierta infraestructura—por ejemplo, escribir para ensambles grandes o grabar—porque podés convocar a estudiantes para que graben tu música y así experimentar distintas ideas. También hay muy buenos profesores, aunque cada vez van quedando menos… Es un buen lugar para aprender herramientas, pero a mí no me resultó como espacio para hacer proyectos artísticos. Supongo que lo mejor de ir a cualquier institución son los vínculos: conocer músicos de todo el mundo, y lo que eso genera.
Recomendáme una cuenta de IG y un disco.
Estoy muy copada con un musicazo que se llama Gustavo Infante. Es un músico que trabaja desde la guitarra criolla y la voz (violão, como le dicen en Brasil), pero que incorpora loops de cinta de casete y distintos procesos a su sonido, como samplers y percusión. Hay algo de la música nordestina de Brasil en su manera de tocar, esa lógica rítmica y percusiva, con influencias del candomble, como en el disco Afrosambas de Baden Powell. El disco de Infante se llama SER.
Formas al desaparecer será publicado por Hilo Records en mayo de este año. // RR.PP.

Foto: Lula Bauer


