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Pensar la carga

  • May 18
  • 2 min read

por Rodolfo Cifarelli


A bordo de un Nostromo que en Chasm (2015), la mejor nouvelle de Nick Land, se llama La Pitonisa, Tom Symns, el narrador, se pone bajo el mando de James Frazer, jefe de la tripulación. Más allá de los vasos comunicantes que Land suscita con Ballard o Gibson, Chasm es una contra-versión de Moby Dick de Melville y evoca secretamente a El salario del miedo de Georges Arnaud.


¿Cuál es la carga contenida en esa extraña caja que Symns ve como «el ataúd de un niño extraterrestre» destinada a ser hundida en lo más profundo del océano? ¿Es el inconsciente que trabaría una poshumanidad? ¿El miserabilismo trascendental que intentaría desacelerarnos en preocupaciones triviales? Obviedades inconvincentes.


Pensemos al revés de ese Land que abogaría por un pasaje a una fase poshumana donde las autonomías individuales y colectivas serán indefectiblemente reprimidas o controladas al máximo. En este sentido Chasm es un manifiesto literal para que los sujetos, para derrotar al aceleracionismo que Land defiende, piensen la carga. Land no habla aquí de ese futuro que se introdujo en el neocapitalismo como un coágulo nihilista que impone pensar, justamente, un futuro como final de las expectativas de liberación social e individual. Nada más reaccionario que creer que el futuro ya llegó, cobijados en la autocelebración de un (¿buscado y sobreactuado?) desconcierto.


La carga que una compañía misteriosa, metáfora del vértice más letal neocapitalismo, decidió desaparecer representa la suma de los desbordes del pasado en un presente que se derrumba no en un futuro sino en su propio vacío. No hay apocalipsis, hay chasm (abismo), y en La Pitonisa no hay salvadores, aunque, habría algo para salvar, que no es el cadáver de un niño extraterrestre.


Frazer y Symns sospechan que algo valioso se pierde con la misión, y que eso está íntimamente relacionado a ellos. Pero dejemos que el final sea todo de Land:


«Un punto ciego es un agujero en la percepción que se oculta a sí mismo. Es lo que no se ve. La carga —el pensamiento de la carga— era así. Estaba perfectamente oculta, en todos los aspectos normales. Sin embargo, se cernía en alguna otra dimensión excesiva.» // RR.PP.


Ilustración: New York Times

 
 

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