Senza frontiere
por Felipe Devincenzi Los Ramones dieron 27 conciertos en Argentina. Su primer Obras fue una noche de 1987, pero en 1993 sumarían cinco y al año llenarían Vélez, siguiendo gira rumbo a Rosario, luego a Mar del Plata y rematando para 600 personas sobre el parqué de Estudiantes de Bahía.
Hacia 1996 Dee Dee vivía en Banfield; había pasado la adolescencia entre baldíos y callejones de Queens pero decía disfrutar el aire pueblerino del conurbano. Su grupo bajó la persiana ese mismo año, colmando River y titulando el último disco en español. A contramano de su iconografía palladiana, la tapa muestra dos alosaurios a lo Emiliano Zapata, el sesgo medio perdido, como si vagaran por Sonora justo después del meteorito.
Ya no estoy aquí es una bellísima película que trata sobre la inadaptación de la frontera. El reverso de este malestar es el sincretismo, fundamental al cristianismo como al rock latinoamericano. A fin de cuentas, Charly ha de grabar en Nueva York, Divididos en Abbey Road y los barriales tributan a los Stones.
Más contemporáneos, Él Mató a un policía motorizado calca temas de vidas anteriores, adaptados a rutas que pudieran ser texanas o patagónicas y atardeceres que el metrónomo aletarga como un cuadro de Jack Vettriano. Nadie maquilla esta narrativa: los personajes se llaman Yoni, Jenny y el nombre de la banda es un diálogo doblado por un canal de aire.
En lo político, la apropiación cultural tiene resultados más progresivos cuando se da en sentido inverso. El éxito argentino de Ramones destraba así una fantasía clasemedista: son profundamente neoyorquinos pero marginales y, por ende, plausibles a ser imaginados en la Bristol, bajo el neón de Celusal, o posando sobre el ladrillo de Estación Lacroze.
La retórica de Él Mató nace de esta ambigüedad. Anoche tocaron en el Movistar Arena, que el Grupo La Nación levantó sobre un club de la B Nacional en 2019. Este recinto satura el eclecticismo que disputa Buenos Aires, acostumbrada a los edificios grises y brutalistas que reemplazan su delicadeza postcolonial. En estas calles, las fachadas invocan a Madrid pero aún más a Sao Paulo. En estas calles, cinco tipos de La Plata proyectan su sombra sobre un horizonte símil western americano. The Good, the Bad and the Ugly: la música solo responde a lo primero. // RR.PP.

Foto del autor: Él Mató en el Movistar, el 19-9-26.


