Sunt lacrimae rerum
- Jun 24
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por Sebastián Napolitano y Juan Terranova
En el primer libro de la Eneida, Virgilio escribió sunt lacrimae rerum. La frase no admite traducción exacta. El genitivo rerum puede ser subjetivo u objetivo: “las cosas poseen las lágrimas” pero también “las cosas son lo que se llora.” Cualquier lengua que le exija un solo sentido, pierde.
El castellano parecería tener una ventaja: el genitivo latino funciona como la preposición de. “Lágrimas de las cosas” parece conservar la ambigüedad. Pero el oído castellano resuelve ese de hacia el posesivo. Aureo Espinosa Pólit, el jesuita ecuatoriano cuya traducción muchos consideran la mejor en español, recurrió a dos versos: “lágrimas hay por nuestras cosas, y algunos que ante la muerte y el dolor se inmutan”. La elipsis se vuelve sintaxis. Espinosa Pólit es honesto y es fuerte porque reconoce su derrota.
John Dryden, en 1697, tradujo el pasaje sin traducir la frase. Su versión dice que las paredes mudas narran la gloria del guerrero y que el sufrimiento de los troyanos reclama la piedad de los tirios. Es otro texto. Dryden reemplazó la meditación ontológica por una histórica. Vittorio Sermonti, que pasó décadas leyendo a Dante en teatros, tradujo como “piange la storia.” Llora la historia. Tres palabras, un sujeto, un verbo. La ambigüedad se pierde.
Howlin' Wolf nunca leyó latín. Pero cuando le preguntaron qué era el blues, dijo: “cuando no tenés plata para pagar el alquiler, tenés el blues; cuando tampoco podés comprar comida, seguís teniendo el blues; cuando no tenés nada y empezás a pensar cosas malas, eso es el blues.”
Es habitual que los charlatanes de los escrúpulos nos enamoren con estos detalles, donde, a veces, se juegan los primeros acercamientos a una obra, su presentación, una canción y su música, un poema fundante y sus traductores. Sin embargo, de una u otra forma, el sentido último de estas lágrimas, de ese llanto, de ese blues, es la pérdida. ¿Qué pérdida? ¿Dónde? ¿Quienes la padecieron y por qué? Lo que intentan transmitirnos los poetas, populares o eruditos, es esa fuerza, esa iluminación, que, en el dolor, los llevó a levantarse frente a la angustia y cantar.///RR.PP.



