Luglio 1999
- Mar 17
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por Bruno Casabona
Luca quería sorprender a Francesca. No le había anticipado mucho, apenas lo justo como para que sus padres la dejaran salir de la ciudad. Era el segundo día de un festival de tres fechas y esa noche tocaba la banda que él venía siguiendo desde hacía unos meses.
La esperó en el andén con los billetes en la mano. Ella estaba nerviosa, todavía pensando en la mueca burlona que había hecho su padre cuando le dijo que iban a Palestrina. Se sentaron en el primer vagón, quizá por la ansiedad de llegar primeros, tal vez porque la ventana entreabierta dejaba pasar el viento y ese día el calor era extremo.
El sol comenzaba a bajar: Luca y Francesca llevaban un par de horas en el festival. Él se acercó a la barra y, todavía temblando, agarró las dos cervezas y se sentó junto a Francesca. Ella tomó un sorbo y por fin lo besó. Se abrazaron, mirando desde la altura el pequeño pueblo, esperando el headliner, esperando a Morphine.
Cuando vieron que la gente se dispersaba para ir al baño o a buscar algo para tomar, se acercaron a las vallas. Los aplausos se adueñaron del parque y tres hombres aparecieron en el escenario. Un sonido oscuro y crudo había empezado a propagarse, interponiéndose entre Francesca y Luca.
Ella se metió tanto en la música que ya no sabía si el concierto había empezado hacía diez minutos o una hora. De colores extraños, un nuevo tema había comenzado. El cantante dijo “taxi, taxi” con una voz saturada, desgastada, que solo sus compañeros, al mirarlo, descubrieron a qué se debía. Luego se desplomó. En el público se escucharon unos gritos y algunas risas. Francesca, inmóvil, no podía quitar los ojos del escenario. Inmediatamente se llevaron al cantante detrás de escena y el parque enmudeció.
Diez minutos más tarde anunciaban que el recital se suspendía. Durante el trayecto de vuelta Francesca no habló con Luca. No es que no quisiera, sino que no podía. Al llegar a su casa se enteró que Mark Sandman, frontman de Morphine, había muerto. También supo que no volvería a ver a Luca. // RR.PP.

Foto: Mark Sandman en Palestrina, Lazio, minutos antes de morir.


