Misteriosa Nueva York
- Feb 17
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por Felipe Devincenzi
La fotografía documental surgió con los atardeceres parisinos de Atget, pero si pensamos en Nueva York, las cámaras se adaptaron a un paisaje metabolizado por la siderurgia y la inmigración. Naturalmente, los yanquis hicieron foco en el bullicio: velocidad, transeúntes, variables percibidas con virtuosismo por Alfred Stieglitz y cuyo reverso, más bien taciturno, fue obsesión de Ascher Fellig.
Fellig nació en Austria en 1899 y llegó a Estados Unidos a los diez años. Pasarían otros cincuenta antes de que publicara Weege by Weege, ya consagrado, memorias que describen una infancia miserable y una formación autodidacta. Ahí cuenta que sus primeros trabajos variaron de hacer cianotipos en Central Park a capturar edificios destruidos para aseguradoras, rutina sensible a las horas extras, a los pernoctes en Penn Station y otros tugurios que le permitía el bolsillo cada tanto.
“La primera mujer en decirme querido”, dice al respecto, “fue una puta”. La cita no es arbitraria: durante décadas inmortalizaría los márgenes de la gran manzana, durmiendo de día y noctambulando entre alcantarillas humeantes y clubes repletos de mafiosos y laderos. Su obra proliferó tras renunciar al cuarto oscuro de la agencia ACME, cuando al fin pudo comprar una ICA Trix alemana y luego la célebre Speed Graphic, muy común entre los reporteros de entonces.
Con esa Graflex, Fellig devino en el Weegee interpretado por Joe Pesci en The Public Eye (1992): un tipo de corta estatura y gabardina que patea la madrugada en modo Marlowe, que sintoniza la radio policial e improvisa su laboratorio en el baúl del auto. Para colmo, tenía una intuición cuasi mentalista, por lo que llegaba a la escena del crimen antes que el oficial de turno, logrando primeras planas con pasmosa regularidad.
Pero si el amarillismo pagaba el alquiler, su ambición fue captar la intimidad más visceral de la ciudad que tanto amaba. El proyecto se consumó recién con Naked City (1945), libro pionero en su especie, usualmente agotado y reeditado en 2020 por Damiano. No sorprende que esas imágenes fueran expuestas en el International Photography Center hace unos meses: las noches de Weegee condensaron el halo críptico de Atget, y anticiparon la Buenos Aires que desnudaría Horacio Coppola.

