top of page

Un sueño postergado

  • Feb 28
  • 2 min read

por Marco Castagna


“¿Quién escribirá la historia de lo que pudo haber sido?”. Así arranca ese disco salvaje y alucinado que es Honestidad Brutal de Calamaro. Las canciones parecen cocidas por un artesano virtuoso. Y para entenderlas es necesario haber vivido. O más bien, haber sufrido. Sobre todo a solas, o tan mal acompañado que es preferible una orfandad absoluta.


Recuerdo haber escuchado el álbum muy seguido cuando vivía en un departamento prestado en Salguero y Arenales. Las tardes de invierno me ponía los auriculares y, con un poema de Bukowski escondido en mi abrigo (The Luck of the Word), salía a dar una vuelta por ninguna parte. Me conmovían esas canciones marginales. Todavía lo hacen. Auténticos himnos de nostalgia y gloria perdida; arrebatos de confusa libertad y plegarias a amigos ausentes.


En esa época yo también intentaba nadar contra la corriente. Mi único amigo -o casi- era el portero de mi edificio. El teléfono estaba roto y lo único que me quedaba era mi computadora, a la que me aferraba con mi aliento más primitivo. Leía bastante El salmón de Fabián Casas. Leía más a Fante. Y todavía más a Bolaño. Despertaba olvidando el futuro y recordando un poco de la infancia. Algo medio deshilachado, ominoso como un sueño invernal. No podía pensar en el amor: apenas me esforzaba en inventarlo. Estaba escribiendo un cuento sobre los días de Calamaro en el Hotel Plaza Francia, mientras componía esas canciones de Honestidad.


Hace unos días retomé el relato. Lo hice intentando evocar aquel clima, reconstruyendo -otra forma de invención- cada detalle. Algún día espero terminarlo con la bendición de Andrés y de todos los ausentes que perseveran. A fin de cuentas, son ellos quienes me recuerdan que toda historia de amor es una historia de fantasmas. // RR.PP.



 
 

© 2035 Creado por El Artefacto con Wix.com

  • Facebook
  • Twitter
  • Instagram
bottom of page