Teoría de la Internet muerta
- Juan Terranova

- Dec 14, 2025
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Updated: Jan 28
por Juan Terranova
1. Toda euforia lleva en sí su potencial disforia. Las vanguardias traen, en sus disruptivos enunciados, el germen de sus aporías. A toda revolución le sigue su Termidor. Una fuerza empuja hacia adelante y luego se desgasta y estanca. Es simple. Pero cuando nos envuelve el vértigo no resulta tan fácil recordar la existencia de una inevitable inmovilidad. Las drogas proveen los mejores ejemplos. El poder también.
2. Las tecnologías sufren el mismo ciclo binario de arriba-abajo, éxtasis-depresión, pero a diferencia de los movimientos artísticos o políticos, dejan atrás artefactos que, sin llegar a ser basura, se van apilando y superponiendo. En el siglo XIX, Baudelaire temía que la fotografía destruyera el grabado de la misma manera que el grabado había desplazado a la pintura. Un siglo más tarde, las videocaseteras amenazaban el cine. Luego la televisión por cable desbancaba al VHS. Pero hoy se sigue pintando en caballete y seguimos pagando una entrada para experimentar la proyección de una sala oscura. En la modernidad, cada aparato prolonga sus tiempos más allá de la irrupción de su competidor. Por costos y practicidad, el cassette de cromo iba a suplantar al disco de vinilo. Pero hoy se siguen produciendo vinilos mientras hipsters del mundo compran cassettes originales en una gesto de nostalgia y escuchan la música comprimida en Spotify o YouTube.
3. A principios de siglo, Internet fue reclamada por nuevos socialistas utópicos como lugar prístino de la democratización. Luego se parceló con las redes sociales y el capitalismo comenzó a horadar la libertad y la gratuidad cobrando todo tipo de cuotas y peajes. ¿Qué pasa hoy? Invocar el final es un gesto recurrente de nuestra época moderna. Y por eso, ya existe una Teoría de la Internet muerta. Según esta teoría, invadida de forma silenciosa por IA, robots y publicidades, Internet habría muerto entre el 2016 y el 2017, y hoy estaríamos viviendo en otra zona de la evolución digital. El flujo real habría descendido en esos años a la mitad, poniéndonos frente a pantallas zombificadas. Más que una zona muerta, estaríamos transitando una zona que muere. O sea, un lugar enfermo.
4. La plataformas anegadas de usuarios falsos, el abuso de los paisajes y personajes de cientos de IAs, los pop-ups psíquicos, persiguiendo beneficios cada vez más escasos, estarían creando un flujo de interacciones hombre-máquina, mientras se decrece hacia un grado cero, una existencia sólo máquina-máquina, donde los usuarios humanos serían una minoría aislada que día a día va perdiendo el interés. Ahora bien, ¿genera alivio la idea de ese apocalipsis íntimo? Un futuro con una Internet solipsista replicando un sinfín de plataformas ilegibles y aburridas ¿nos devolverá a la vida analógica? La perspectiva resulta más pantanosa, intrincada, llena de frustraciones, idas y vueltas. Todavía habitamos, entre residuos luminosos y ecos de trampas comerciales, esta cultura digital que se impuso en el siglo XXI. Sin embargo, la imagen de un robot de lata tecleando en una oficina vacía para venderle, prescindiendo de todo tipo de intervención humana, un producto de higiene corporal o una reserva en un hotel a una IA cuya base de datos está del otro lado del mundo se parece mucho a una ligera revancha.///RR.PP.


