Amistad intermitente /3
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por Felipe Devincenzi
Eugenio me cita en un estanco pero se retrasa una hora. Su excusa: tiene que recitar Carver en una audición a la cual, infiero, también llegará tarde. Lo espero en un bar decadente, sobre Via Portuense, mientras memoro sus excentricidades. La fundamental es Wagner; después, la Fórmula 1. No es todo: alguna vez lo oí desbocarse sobre El Furgón de Urquiza, club que solo infiero en blanco y negro, y lo mismo cuando hace hermenéutica de los Ramones.
Mi amigo es actor, enseña inglés y viene de una familia modesta de Sáenz Peña, tres atributos adversos a la Argentina que planea Milei. Hace un año y medio emigró a Italia con su esposa. Cuando por fin nos encontramos, en una vermutería del Trastevere turístico, la conversación varía entre el relativo confort romano y Tristán. Eugenio sigue renegando de la docencia -las escuelas alternadas, los adolescentes- pero hace uso exhaustivo de Trenitalia para ver las puestas del alemán: La Scala, la Arena di Verona, el Teatro di San Carlo.
Argentina, invariablemente, es sinécdoque de amistades en común. Le pregunto por Federico Justo, también actor, quien presume otro talento anacrónico, o sea el de cantar la guardia vieja con un timbre gardeliano, amén de su guitarra puntillosa. También citamos al Dr. Coriciano, abocado al derecho informático y la ciencia ficción. Hace un tiempo publicó El experimento fallido (AqL, 2024), distopía que a veces parece una traducción de Orson Scott Card. Eugenio es tangencial: “no pude pasar de la primera página”.
Mi lectura fue más amena pero mejor fue imaginar a Coriciano escribiendo durante las siestas de Curuzú Cuatiá. Ejerció en ese calor varios años y hasta hace poco, me dice Eugenio, medía la riqueza de sus vecinos en cabezas de ganado. A ambos -y a Federico- los conocí en casa de Lucas Delgado, otro actor excepcional. Los últimos meses protagonizó En cada lugar del mundo, en este instante, obra de Martín Mir ambientada en diciembre de 2001. Esta fecha nunca es casual: mientras los evoco, caminando por Garbatella, evoco a mi país. Su talento oculto, su talento emigrado. // RR.PP.

Foto: San Martín en Roma / Felipe Devincenzi


