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La gran llanura /10

  • Mar 2
  • 2 min read

por Rodolfo Cifarelli


La mano blanca soltó una rosa roja que ascendió muy lenta hacia el interior de la cúpula. Instantes después aparecieron los panes tibios en las manos de los rehenes.


El ex seminarista arrojó el suyo violentamente contra el supuesto altar.


La voz no respondió.


Los primeros que los mordieron, lo hicieron con precaución. Dos o tres se animaron a decir que eran muy sabrosos. Todos, excepto el ex seminarista, nada arrepentido, comieron.


–Qué habló con Él –pregunto el ex seminarista.


–Es confidencial –dijo la voz–. Al menos por ahora y, creo, por mucho tiempo. La última vez que lo vi Él no me vio. Lo contemplé subido al otro lado de un muro del jardín donde Él meditaba sobre su propia crucifixión. No era un momento para molestarlo y me fui convencido de que no había marcha atrás.


La mano blanca se movió, esta vez casi con desgano. El espacio se fue iluminando con una luz turbia y granulada. Sobre una de las paredes había una decena de vasijas con agua fría y limpia.


–Otro truco de circo –dijo el ex seminarista.


Todos se lanzaron a beber. El ex seminarista se arrodilló vencido a un costado.


–Pero todavía falta el mejor –dijo la voz.


En otra pared vieron doce grandes cajas de madera sin tapas. El veterano de las Islas se acercó a una. No pudo contenerse y gritó. Luego, de una de las cajas sacó un AK-47. Nuevo, brillaba, parecía tener vida propia. Lo sopesó atentamente con manos temblorosas.


–Es real –confirmó.


La luz era ahora más clara.


Todos, hasta el ex seminarista, se acercaron a las cajas. Ametralladoras cortas y largas, visores nocturnos, AK-47, granadas, cartuchos de dinamita, paquetes de municiones, chalecos antibalas, cascos…


–Todo es real –dijo la voz.


El primero al que escucharon hablando solo en la llanura («Primero mataron a los indios, después a los gauchos y ahora…») le preguntó a la voz:


–¿Cuál es el pacto?


–Ninguno –dijo la voz.


–¡Mentira! –gritó el ex seminarista.


–¡Ninguno! –gritó la voz, y hasta las municiones dentro de los paquetes vibraron.


–Es difícil que nada quiera usted a cambio –dijo el veterano de las Islas.


La voz emitió un suspiro de fastidio. //RR.PP.



 
 

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