Borges y su twilight zone
- Jul 22
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por Rodolfo Cifarelli
Que Borges sea reeditado y venerado hasta el empalago por el progresismo como por vetustos y «neutros» especímenes del anti progresismo, no prueba la intensidad de su lectura. Antes que eso ratifica una necesidad de reinstalación que las diferentes agencias y personajes de la Industria Cultural, en la que residen sólidas sucursales borgianas, someten a un branding constante.
Borges es una ejemplar construcción de un vaso comunicante entre el anti progresismo y el progresismo. En el primero de los casos se entiende. No importa leer a Borges como un precursor de Duchamp (sic), importan sus insultos y ocurrencias contra el peronismo, el nacionalismo y el comunismo. Importa su universalismo bibliográfico cuyo punto más alto no son los tigres de Bengalas sino el darwinista Herbert Spencer a la par de la exaltación ambigua de virtudes criollas como apuñalar a alguien. En este punto, con sus compadritos que bailaban entre ellos el tango pre-Gardel, Borges podría ser visto como un precursor de los rescatistas de los transas con metralleta ensordecidos por el regatón.
En el caso del progresismo, este no ha querido perderse de contar en sus filas a la gran síntesis de la cultura liberal tradicional del período 1880-1976 que Borges sí es. Pero el progresismo quiere hablar, no leer, quiere estar, no ser, y ama «discutir» pero sin ser discutido. Plagian, toscamente, al anti progresismo. La Cultura es así bloqueo y marketing, no «espacio de diálogo». El anti progresismo y el progresismo confluyen en dispensarnos a un Borges preso de su «gran estilo» y de sus fracasos íntimos, su íntegra humanidad: el Borges rechazado por las mujeres, el Borges sorprendido por un fotógrafo orinando en un mingitorio (otra vez Duchamp).
Protegido en los estrechos márgenes de lo «usual» y lo «autorizado», Borges se fue convirtiendo en un baluarte de la Cultura como mensajera de Consenso y Tolerancia para una twitlight zone en la que, por la misma pasarela, con librerías y bibliotecas cerradas pero con baja inflación, vayan de la mano, amorosamente, todos sus monaguillos. // RR.PP.



