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Ciencia: el método o la estrategia

  • 6 days ago
  • 3 min read

por Néstor Leuchenco


Arnaldo Visintin es uno de los científicos argentinos que más sabe sobre tecnología del litio. Investigador Superior del Conicet y de Texas A&M University, recibió a RRPP tras pasar un fin de semana de retiro espiritual en un monasterio de la provincia de Buenos Aires.

 

¿Cómo conciliás la cuestión de fe con la comprobación empírica?

 

La fe en Dios es complementaria a la ciencia. Procedo de la química, una de las ciencias duras, y debemos recordar que el origen de ellas es la filosofía. Desde el principio, todo es duda y todo necesita confirmarse. Yo, que tengo fe y estudio la Palabra, comprendo muy bien la sentencia de Teilhard de Chardin, el paleontólogo y místico: La materia es el espíritu moviéndose lo suficientemente despacio como para ser visto.


¿Nuestra sociedad, en pleno siglo XXI, puede dictar leyes que condicionen el desarrollo de un método científico en particular?

 

Yo preferiría que las leyes se promulguen siempre desde la fe en un orden divino y para el bien de los ciudadanos. La ciencia, sin embargo —como la filosofía—, todo lo cuestiona y nada deja asentado a priori; por eso, si hubiera un principio universal, debería ser este: “Nunca ponerle límite a la ciencia. Siempre ponerla al servicio del bien común.”


Argentina tiene tradición en formar ingenieros de primer nivel. Tiene grandes reservas de litio. Tiene especialistas capaces de transformar ese recurso en baterías de última generación. ¿Qué no tiene hoy la Argentina?

 

Carecemos de una estrategia. Contamos con grandes reservas de litio, el que puede extraerse de manera económica mediante evaporación. También contamos con litio en forma de roca (espodumeno) en varias provincias. Pero su minería es más cara, y como no podemos tener estrategia sin dinero, esa actividad quedó en manos de multinacionales: empresas estadounidenses, chinas y japonesas que se llevan este mineral clave desde Catamarca, Salta y Jujuy. Nuestro litio hoy es solo un producto primario igual que la soja y el trigo. Mediante la tecnología obtendríamos litio metálico, separación isotópica y baterías, y un mayor rédito económico. Con esa intención, en la Universidad de La Plata desde hace unos años tenemos una planta piloto: ya conseguimos fabricar baterías de litio, no a escala industrial, sino como prototipos. Sigue siendo la primera y única en Latinoamérica. Lo que demuestra la capacidad argentina en desarrollar tecnologías de punta.


Desalentar la formación de científicos de élite es una buena manera de tener capital humano sin valor agregado. ¿Pasa lo mismo en un país sudamericano como el nuestro que en África?


Conviene observar lo que enseñan los países desarrollados. Ellos saben que el mundo es un territorio por conquistar y que eso se llama competir. Nunca desfinancian la investigación, la ciencia ni la educación. Solo con gente muy preparada se logra mejorar la calidad de vida y promover el progreso económico de un país. Hoy, al Estado nacional le cuesta más de 50.000 dólares formar a un profesional, y más de diez años capacitar a un científico de nivel internacional. Pero estas personas pueden emigrar en cualquier momento si no encuentran condiciones adecuadas para trabajar.  

 

Como científico y profesor, ¿qué opinás de la IA?


Aún no sabemos si la IA traerá más beneficios que problemas. Estamos en un período de transición, y seguramente en un cambio de paradigma. Pero si gracias a la ciencia y la investigación se pudo desarrollar esta tecnología, es porque se lo consideró necesario. La incógnita ahora es ver si la gente la usará para hacer el bien, causar daño o hacer trampa.

 

¿La química, por sí sola, puede explicar el amor?

 

La oxitocina, llamada “la hormona del amor”, está implicada en todas las relaciones afectivas. Según la teoría biológica es imprescindible para obtener la felicidad. Pero el amor, en el fondo, siempre exige un acto humano de entrega, o todo lo contrario, en caso del desamor. Y eso nunca es solamente hormonal. Hasta es moral. // RR.PP.


Foto: Arnaldo Visintín

 
 

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