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Corazón animal

  • Aug 14
  • 2 min read

por Bruno Casabona “Por entre la alta hierba de la estepa avanzan algunos seres humanos; se trata, en realidad, de una pequeña manada de cuerpos desnudos, salvajes”. Así empieza Cuando el hombre encontró al perro y así fue como yo encontré a Konrad Lorenz.

 

Lorenz era vienés y etólogo, zoólogo, psicólogo, biólogo y Nazi. En 1973 ganó el Nobel de medicina y su presentación en la ceremonia de entrega se tituló Analogías como fuente del conocimiento. Su estudio expone una premisa simple: el estudio del comportamiento animal nos sirve no sólo para comprender a una especie en particular, sino también para entender al ser humano.

 

De los temas que desarrolló el etólogo me interesa particularmente uno, y es su visión sobre los peligros de la domesticación. Lorenz observaba que, en el caso de los animales, se perdían ciertos conocimientos necesarios para la supervivencia, haciéndolos más vulnerables y torpes para el desarrollo de la vida en un entorno hostil.    

 

En 1958, Konrad y Erich Fromm participaron de la convención anual de la American Psychological Association en Washington. Evitaron saludarse: Erich era judío y Konrad nazi. Sus biografías se oponen; sin embargo, hay una línea de pensamiento que, de manera inesperada, los termina acercando. En su libro El miedo a la libertad, Fromm sugiere que el ser humano sufre su albedrío, que le es difícil manejarlo y que la sociedad moderna, al haberse emancipado de los vínculos tradicionales -como la comunidad y la religión- nos expone a nuevas fuerzas de sumisión.

 

En nuestros tiempos prevalece la idea de felicidad como capacidad de consumo, aunque en los 40 Fromm proponía algo aún más incómodo. Decía que el ser humano moderno padece angustia cuando tiene que decidir por sí mismo y que era el consumo lo que paliaba ese vacío. También advertía que ese remedio generaría dependencia tarde o temprano. Lo que más le preocupaba era cómo este fenómeno, además, reemplazaba ciertos vínculos sociales. En otras palabras, pensaba el acceso a los bienes ya no como sinónimo de felicidad, sino como sinónimo de subsistencia.

 

Queda concluir si esta dependencia es impulsada por un sector de la sociedad y si el fenómeno es complementario a la idea de domesticación de Lorenz. Fromm reconocía este peligro y así nos deja una frase de aliento para enfrentar los desafíos del individualismo:

La supervivencia física de la raza humana depende de un cambio radical del corazón humano. // RR.PP.


 
 

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