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Cornell o la gracia

  • 15 hours ago
  • 2 min read

por Rodolfo Cifarelli


Es infrecuente milagro que una obra de arte nos permita huir de jaulas propias y ajenas. Hablamos de las cajas, los collages y los films de Joseph Cornell, emisiones de una estación de radio clandestina que este solitario nacido en Utopia Parkway 37-08, Flushing, Queens, supo construir con manos y ojos extremadamente serenos, casi herméticos.


En la infancia disfrutó de los paseos por Coney Island y Broadway. Una tarde otoñal, se dice, asistió a una performance de Harry Houdini. La época feliz se extendería hasta la muerte de Joseph padre, diseñador textil. Luego la economía familiar se hunde, la soledad se vuelve angustia, la angustia se insufla de una incipiente libertad. Porque el niño se acostumbra a las rutinas de su sombra por las calles del Grenwich Village; viaja en el tren elevado, y, como Nevinson y Hopper, en esos traqueteos descubre el alma de la ciudad sin alma.


Con los centavos que obtiene de sus primeros trabajos adolescentes compra fotos y postales viejas. Esa colección es la primera matriz de su proyecto estético, uno de los más grandes del siglo XX. Una biografía unánime nos diría que asiste a las muestras de emigrados ilustres en la galería Levy: Duchamp, Dalí, Ernst. Un día, acicateado por La Femme 100 têtes de Ernst, le entrega a Levy una carpeta con algunos collages.


Los primeros actos que rotulamos como «carrera artística» suceden rápidamente. En 1932 Levy le cede la galería para su primera exposición individual. Poco después, Duchamp, sumo pontífice de desplazamientos, dislocaciones y malentendidos, le informa a Peggy Guggenheim de este joven sin educación artística formal, casi mudo, casi invisible. Por esta vez, el dólar ayuda al arte.


Cornell vio en los surrealistas la vía hacia su mágica y marginal Ítaca. Al revés de los adoctrinamientos, prefirió la insinuación y el atajo, lo que sobrevive a la luz a media luz: las deducciones necesarias antes de la Epifanía. El plan era/es que cada uno obtenga su gracia: que quien busca tenga la certeza de que ya empezó a encontrar lo buscado. // RR.PP.



 
 

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