Dos espíritus para el siglo XXI
- Aug 20
- 2 min read
por Rodolfo Cifarelli No pudo haber dos espíritus tan distintos y a la vez unidos en un nudo invencible como Kafka y Pasolini.
Kafka murió tuberculoso y le pidió a Max Brod que quemara sus escritos. Murió ignoto. Hoy el Mossad vigila esos manuscritos inéditos que guardan los descendientes de Brod en un departamento de Tel Aviv. Pasolini, famoso, fue asesinado en una noche turbia en un suburbio de Roma. Moretti homenajeó el periplo de ese vía crucis con la triste música de Jarret de fondo.
Pasolini fue un personaje kafkiano en su adolescencia. Un obediente a la ley consciente de que la potencia de la inhabilidad ante la rebelión le doblaba las rodillas en la ola de su tiempo y espacio. Es su período de sumisión al Padre, un duro teniente de infantería: el muchachito fanático de Rimbaud va a Weimar a un mitin de juventudes fascistas. Luego fungió como redactor jefe de Il Settacio, un medio de la Gioventù Italiana del Littorio, que con Pasolini, entre los rebeldes al Duce, tendrá un cambio de línea histórico. En 1945 entra al PCI, del que será expulsado en 1949 por homosexual.
Segregado de la política institucional, Pasolini, con un hermano muerto en la resistencia, salió a la plena juventud convencido de que la transgresión y la reflexión sobre la transgresión -y las pulsiones que toda transgresión soporta no sin dolor o furia- producirían su obra integral de poeta, novelista, viajero, crítico y cronista de su tiempo y cineasta, que desde de detrás de cámara fue neorrealista extremo, filmó la tragedia griega (¡con Maria Callas!) y el evangelio de San Mateo, puso como su alter ego a ¡Orson Welles! y retrató escrupulosamente a Sade.
Pasolini cumplió el dogma de Kafka: «el poseer no existe, existe solamente el ser: ese ser que aspira hasta el último aliento, hasta la asfixia.» Kafka y Pasolini sintetizaron, cada uno a su modo, a Kierkegaard. Elección y proyecto se encarnaron en el mismo sujeto, con resultados catastróficos. La obra es realización del ser, no especulación del no-ser.
Aclaremos: sujetos de y a una catástrofe vital y necesaria para cualquiera que pretenda ser intelectual y artista en este siglo XXI. // RR.PP.



