Golden boys /2
- Mar 14
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Updated: Mar 16
por Felipe Devincenzi
La visita a nuestro país no fue aislada: Fischer conoció Buenos Aires de adolescente, disputando uno de sus peores torneos, achaque atribuido a un affaire turbulento y veraniego. En el 60 enfrentó a Spassky en Mar del Plata, highlight de una cronología que incluye 1- La corona que Alekhine arrebató a Capablanca en 1927, asesorado por Roberto Grau 2- El match que Petrosian ganó a Fischer en el San Martín (“la mayor ovación de mi carrera”) 3- La invasión nazi a Polonia que sorprendió a Miguel Najdorf en Buenos Aires, residencia adoptada desde entonces 4- Las supuestas tablas que Samid, Rey de la Carne, hiciera en simultáneos con Kárpov y Kasparov 5- El nacimiento de Faustino Oro en octubre de 2013.
Ninguno replicaría el aura ingobernable de Bobby: en 1975 se negó a defender su título y se esfumó del mapa. Hay registro de un arresto en Pasadena, California, ya acusando un aspecto denostable, barbudo y reacio, como un animal atrapado en la intemperie. En 1992 volvió a vencer a cambio de una suma millonaria: el oponente fue Spassky y el lugar Yugoslavia, en medio del genocidio. Es precioso entreverlos ahí, abstraídos en los escaques, haciendo caso omiso del embargo de la ONU y del paisaje artillado, jugando partida tras otra con el intenso azul del Adriático de fondo, redimiendo el largo acoso de la KGB, de la CIA, del FBI. El evento, claro, valió una orden de detención, pero Bobby elegiría el destierro.
En el 96 se despidió de Buenos Aires. Dicen que pasó por La Casa del Ajedrecista, situada a metros de Plaza de Mayo, y que gastó 250 USD en publicaciones, dinero que extrajo de un taco de billetes anclado en el fondo del saco. En Argentina presentó el Chess 960: estaba harto del ajedrez tradicional y convencido de que las partidas eran arregladas de antemano. Los rusos, los judíos, la FIDE... Una sospecha incesante. En Filipinas celebró el 9/11 y describió EE.UU. como un títere del sionismo. En Japón fue detenido por el uso de un pasaporte revocado. En Reikiavik le diagnosticaron una insuficiencia renal pero se negó a operarse.
Paranoico y solitario, el tema de Serú Girán le calzaría justo: para evitar enloquecer / no pensar qué se es / qué se ha sido. Murió a los 64 en ese país volcánico, remoto, donde supo ser campeón del mundo. // RR.PP.

Foto: Fischer en Islandia / Harry Benson


