Haydn y sus biógrafos
- Aug 22
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por Sebastián Napolitano
Hacia 1740, Joseph Haydn tiene ocho años. Durante una visita a la ciudad de Hainburg, Georg Reutter, maestro de capilla de San Esteban de Viena, lo escucha cantar. En la mesa del párroco hay cerezas. El chico las mira. Reutter pone unas cuantas en su sombrero. Después le pregunta si sabe hacer un trino. Haydn dice que no, que ni siquiera su pariente, el maestro de escuela, sabe. Reutter le muestra cómo se hace. Al tercer intento, el trino le sale. Desde ese día Haydn integra el coro de San Esteban.
Así lo cuenta Griesinger. Dies cuenta una escena parecida. El maestro de escuela tampoco sabe hacer un trino. Reutter explica y Haydn lo consigue después de dos intentos. Pero no hay cerezas, y lo que Haydn recibe es una moneda.
A los diecisiete, Haydn es despedido del coro. Griesinger lo resuelve en una línea: su voz cambió. Dies arma una escena. Haydn le corta un mechón de pelo a otro corista. Reutter lo condena a ser azotado. Haydn dice que prefiere dejar el coro antes que soportar el castigo. Reutter contesta: primero lo azotamos, después se va. Cumple las dos cosas.
Georg August Griesinger llega a Haydn en 1799. Todavía no es diplomático: trabaja como preceptor en la casa del embajador sajón. Gottfried Härtel, dueño de la editorial Breitkopf & Härtel, le pide que negocie con el compositor la publicación de sus obras. El vínculo empieza como un encargo comercial y continúa hasta la muerte de Haydn. Griesinger dice que, al volver de sus visitas, anotaba las palabras que recordaba. En 1809 empieza a publicar una biografía por entregas.
Albert Christoph Dies es paisajista. Vive más de veinte años en Roma. Para ganarse la vida, copia las pinturas de Salvator Rosa. En 1796 deja la ciudad. Al año siguiente se instala en Viena. Lo nombran director de la galería del príncipe Esterházy, la familia para la que Haydn trabajó casi tres décadas. Dies admira su música. El escultor Anton Grassi los presenta. Entre abril de 1805 y agosto de 1808, Dies visita a Haydn treinta veces.
Uno llega por negocios. El otro, con el proyecto de una biografía. Las notas de Griesinger se publican como volumen en 1810. Las de Dies, ese mismo año, uno después de la muerte de Haydn. Junto con la biografía de Giuseppe Carpani, de 1812, son las fuentes de referencia sobre los años de juventud del compositor.
Después de San Esteban, Griesinger y Dies ubican al joven Haydn en una pieza miserable, frente a un teclado comido por los gusanos. Pero no dicen lo mismo. Griesinger habla de una buhardilla sin estufa y le atribuye la famosa frase: "sentado ante ese teclado, no envidiaba a ningún rey". Dies describe una pieza oscura. Habla de soledad y de hambre.
Es tentador leer la coincidencia como una confirmación. Pero Griesinger y Dies no son dos testigos de la buhardilla. Son dos testigos de un mismo anciano que recuerda. La coincidencia no desaparece, pero cambia de objeto: prueba, ante todo, que Haydn contó la escena más de una vez.
Cuando el tercer intento se vuelve el segundo, cuando desaparecen las cerezas y aparece la moneda, no sabemos cuánto pertenece a Haydn y cuánto a quienes lo escucharon. Una fuente primaria no es garantía de verdad. Ni siquiera es primaria en abstracto: lo es en relación con una pregunta.
Estos relatos y sus desvíos tampoco admiten la acusación de falsedad. La memoria puede conservar un hecho y, al mismo tiempo, darle forma. El viejo Haydn no es solo el que atesora la formación del joven Haydn. Es también el que la narra. Griesinger y Dies tampoco son meros copistas: registran, seleccionan, organizan.
La fuente no nos acerca al pasado, sino al instante en que el pasado se convierte en relato. Entre el joven Haydn y los dos visitantes operan la memoria, la forma y, tal vez lo más importante, el mito. //RR.PP.



