top of page

La gran llanura /5

  • Feb 13
  • 2 min read

Updated: Feb 16

por Rodolfo Cifarelli


Por las noches, alrededor de los fogones, era común que alguien contara una historia.


Una noche uno, de barba entrecana, hasta entonces enigmáticamente parco, dijo:


–Una madrugada neblinosa despertamos con un repiqueteo de metralla. Enseguida empezaron a caer las bombas. Cuando el ataque terminó el capitán ordenó una recorrida por los lugares bombardeados. Adentro y fuera de los pozos de zorro encontramos los cuerpos despedazados por las ondas expansivas. Volvimos a los pozos y nos dispararon desde el otro lado de la niebla. Un helicóptero nuestro pasó con una bandera blanca y ya no hubo disparos. Los superiores nos ordenaron entregar el armamento. Enterré la bayoneta y los cargadores, pero no me dio el tiempo, la puta madre, para enterrar el FAL. Caminamos con las manos en la nuca. Antes de embarcarnos en el buque nos sacaron las medallitas, los encendedores y los cordones de los borceguíes. Llegamos de noche y nos transportaron a un campo cerrado en las afueras de la ciudad apenas iluminada. Fuimos interrogados por separado. Nos interrogaron para saber si nos habían interrogado en el buque. Después del interrogatorio me dijeron que no contara a nadie todo lo que había visto en las islas. Ni a mí mismo. Les dije que eso era imposible. Pero no me respondieron y me ordenaron que me fuera. Fui por una banquina hasta que encontré una estación. Subí a un vagón vacío, me senté junto a la ventanilla. Cuando me despertó una palmada en el hombro vi por la ventanilla el andén colmado de gente gritando viva a la patria y cosas así. Había tenido una pesadilla. El vagón también estaba colmado. Cuando conseguí bajar al andén un cabo se me vino encima y dijo: Vaya con los que están esperando frente a los camiones. En diez minutos salimos hacia los aviones que van a las islas.//RR.PP.



 
 

© 2035 Creado por El Artefacto con Wix.com

  • Facebook
  • Twitter
  • Instagram
bottom of page