Lasciate ogne speranza 2
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por Felipe Devincenzi
Casas bajas, moda vaquera, breves calles de ripio. Durante dos días, sesenta sicarios hicieron razzia en ese damero cansino. Se sabe que el gobierno recibió 250 llamadas de emergencia, entre reportes de incendios, invasión de viviendas y secuestros, pero no envió un solo patrullero. Mediante retenes y caravanas, los Zetas levantaron cuanto peatón se les cruzaba, rafagueando casas y demoliendo edificios con palas mecánicas. A los rehenes, unos 300, los hacinaron en un rancho de las afueras. Al anochecer los balearon y amontonaron en tambos, ya trozados, para luego encender las fogatas.
Allende, zona de guerra, fue completamente ignorado. No era el primer malón zeta: entre 2010 y ese año, el cártel organizó peajes nocturnos a lo largo de la ruta que une Tamulipas con la frontera. Los choféres cuentan que asaltaban los ómnibus, bajaban a las mujeres, las violaban, luego seleccionaban a los varones y los montaban en camiones que se perdían en la negrura.
San Fernando: Última Parada, de Marcela Turati, narra estas desapariciones masivas. En 2010 se halló una nave con los cuerpos de 72 centroamericanos, migrantes pobres que viajaban a Texas, y en 2011 se descubrió un camposanto más grande, con más de 200 mexicanos. El sitio adondevanlosdesaparecidos.org constata un fenómeno sistémico: los últimos quince años, el número de fosas clandestinas reconocidas por El Zócalo supera las dos mil.
¿Qué sugiere este mapa? La violencia como forma de comunicación fue explicada por Segato al tratar los femicidios de Juárez. Casi preliminar fue la figura de Adolfo Constanzo, que en Matamoros auspiciaba rituales satánicos para traficantes y empresarios de alto perfil. Si bien el crimen corporativo se instala como estrategia de dominación social, el culto a la muerte es indisociable de los sincretismos practicados en la frontera.
El sicariato actúa en consecuencia: en palo mayombre, la nganga es el caldero donde se queman los espíritus que luego obedecen al palero, imagen que multiplican esos tambos donde acaban los personajes de Somos.. En Allende, el gobierno mexicano se limitó a levantarles un memorial. Faltó inscribirle estos versos:
per me si va ne l’etterno dolore,
per me si va tra la perduta gente.

Foto: altar del Angelito Negro en CDMX / Fermín Guzmán


