Mad Men: una odisea cheeveriana
- Mar 9
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por Marco Castagna
John Cheever (1912 - 1982, cuentista y novelista norteamericano, ganador del Pulitzer) es dueño de una obra magnética. Pese a la evidente precisión de sus relatos, en el fondo siempre parece hablarnos a través de su corazón implorante. Y desde el pozo, se sacude pidiendo perdón y reclamando amor.
Muchas son las obras post-Cheever deudoras de su estilo y aún más los imitadores que fracasaron al intentar emularlo. Pero quizá sea Mad Men, la famosa serie producida por Silvercup la que, a través del retrato de la vida en una agencia publicitaria en la Nueva York de los sesenta, alcance uno de los puntos más altos del manifiesto cheeveriano.
A través de la vida de Don Draper, el publicista estrella de la oficina, parece reflejarse también el derrotero del propio John Cheever y sus libros. Mad Men puede verse y entenderse con el cristal de una odisea cheeveriana: sus personajes persiguen oscuramente el amor; son Ulises soñando con el regreso a Ítaca. Lo trágico no es que tarden en llegar, sino que ya no recuerdan dónde estaba ese lugar natal. Y así y todo, no renuncian a la búsqueda.
La ciudad de Draper está llena de corazones rotos y solitarios que antes o después del trabajo ahogan su melancolía (o cafard, como nos decía Cheever) en un vaso de whisky o de Old Fashioned. Y tanto en Mad Men como en la obra del escritor, los personajes intentan dotar a sus vidas de algo de luz: son impostores que pueden mentirle a todo el mundo menos a sí mismos, enfermos de rabia y autocompasión.
Este universo se recrea perfectamente en la serie, que renueva el misterio esencial del “Homero de los suburbios”. Don Draper parece confundirse así con Neddy Merrill, protagonista de El nadador, quien decide hacer un viaje por las piletas del barrio hasta llegar a su casa. La sorpresa y, sobre todo, epifanía cheeveriana, se da cuando Neddy finalmente llega y la encuentran cerrada, en venta, ajena para siempre.
Entonces comprende que Ítaca siempre estuvo en otro lugar. Tal vez a cientos de kilómetros de ahí. // RR.PP.



