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Party an der playa

  • Aug 2
  • 2 min read

por Bruno Casabona


Como remedio al creciente sentimiento de culpa de la postguerra, en los 50 los alemanes se pusieron a bailar, eligiendo de soundtrack lo único que podían reconocer como propio sin avergonzarse: la música schlager. Los tracks de este estilo están hechos de una materia fácilmente digerible y sus letras repletas de clichés genéricos. Todo con un solo objetivo: llegar tanto a un campesino en Baviera como a un obrero de Leipzig.

 

Si bien el género tuvo sus orígenes en los veinte, su primera ola de popularidad apareció apenas empezada la segunda mitad del siglo pasado, gracias, en gran medida, a las participaciones alemanas en un recién creado Eurovisión. Eso sí, al igual que el programa televisivo, el schlager fue mutando a través de los años, incorporando primero elementos del pop hasta llegar incluso al eurodance.

 

En los noventa aparece la schlagerparty: fiestas temáticas y con cancionero propio, que van desde el famoso Oktoberfest hasta el Ballermann. Este último está asociado a un escenario especial para los alemanes: Mallorca. Desde hace treinta años la isla se ha transformado en un destino ultra popular para vacacionar, donde algunas zonas de Palma parecen hoy un enclave del país del norte en tierras españolas.

 

De hecho, Ballermann hace referencia a una peatonal costera de la isla, repleta de bares y boliches donde nadie habla castellano, y en casi cualquier esquina se pueden encontrar algunos deleites gastronómicos como el currywurst, el eisbein o un buen schnitzel.

 

De vuelta en el norte, es imposible no anhelar revivir aquellos momentos frente al Mediterráneo. Esto no es un problema, porque durante el verano se hacen las Malle Parties - en referencia a la más grande de las Baleares  - casi todos los fines de semana, distribuidas a lo largo y ancho del territorio alemán.

 

Claro que, ya lejos de la isla, algún decorado tropical y una sangría poco apetecible en formato de jarra de litro y medio serán las únicas reminiscencias de una Mallorca reducida a una percepción empobrecida por el afán de empaquetar una experiencia. Y ahora que escribo este artículo, no puedo evitar preguntarme cómo será la estética de una Miamiparty argentina. // RR.PP.


 
 

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