Películas perdidas
- Jul 20
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Updated: Jul 21
por Juan Terranova
En Películas perdidas del 2024, Delfina Campos muestra un conocimiento avanzado de la arquitectura de la canción. Ese virtuosismo en tocar y en componer, en cantar y contar, hace que su música sea, a la vez, simple y sofisticada, ligera y auténtica. Canciones de amor y desamor, entonces, que se enlazan y refuerzan, pero también un pequeño manual de experiencias vitales. En Malas decisiones, la confesión oscila entre la necesidad de sentir y la conciencia, a veces terrible, de que la salvación nunca está en el otro. En la canción que le da nombre al disco, se confirman esas intuiciones: “Te doy mi corazón, aunque ya sé que vamos a romperlo.” Hay una película, hay una ilusión, pero siempre, de forma inevitable, también hay una pérdida.
El disco comienza cuando la pelea terminó y, pase lo que pase, hay que seguir, recomponer o alejarse. Fumando en el sofá arranca diciendo “Llamaste de madrugada sin querer...” Conocemos eso de lo que se nos habla y la armonía general y los arreglos van en función de la voz –suave, firme– que canta melodías construidas desde un delicado impresionismo.
Y si el saber y la experiencia cruzan todas las canciones, incluso cuando el mensaje afirmativo, hay una resignación, una sabiduría joven, que a veces se impone, y otras veces se elige desoír. Apostar al amor no es la promesa de felicidad a lo Disney, sino un situación conocida donde siempre se bordea el abismo de la desilusión. Príncipe no, precipicio, entonces. Y ahí vamos, otra vez, a caminar por la cornisa.
Como en todo pop orgánico y sincero, la tradición se revisa, se desordena, se vuelve a ordenar y se la relanza. El sonido de “Películas perdidas” es, así, eficiente y preciso. Tiene el ritmo de la ciudad y algunos sonidos –teclados, batería– nos devuelven a los años 80, una década donde el amor venía con el drama y el psicoanálisis se instalaba para siempre.
En Películas perdidas, Delfina Campos es esa compañera de facultad de que la que estás enamorado en secreto, pero a la que no le confesás nada porque disfrutás de su humor y de su inteligencia. Al final, el amor está hecho de eso: un verso escrito en el margen de un libro, una canción compartida, algo propio, algo perdido.//RR.PP.



