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Una máquina del tiempo orbitando el planeta pop

  • Aug 2
  • 2 min read

por Juan Terranova


Este año salió Los dioses se tienen que vestir de Catalina Bayá, diez canciones que proponen una base sólida de ritmo y lírica argentina. A primera escucha, se trata de una colección afilada desde la producción, con una voz angelical cantando melodías pegadizas. (Es muy difícil después de recorrer el disco desprenderse de algunos estribillos, lo cual, en un punto, implica un triunfo.)



Pero si estas letras hablan de los problemas del amor, casi como único tema, la mujer puede aparecer alternativamente haciendo de ama y de esclava, lo cual oscurece todo un poco. Y la unidad la da ese vaivén de confesiones, despechos y sacrificios, e, insisto, la voz de Bayá, a la vez potente, delicada, aniñada y sensual. El título es definitivo: si hay mentira, si no hay confianza, se corta la libido, la magia se acaba y los dioses abandonan la desnudez para volver a sus túnicas rígidas.  


Así las cosas, el disco recorre diferentes épocas —o influencias— fáciles de identificar. Al comienzo, hay una zona donde la tradición de los años 80 define el sonido: las guitarras espaciales y el bajo up tempo de “Dejo todo”, “Ajo y agua” y “Los dioses se tienen que vestir.” Aunque enseguida el sonido de los 90s también aparece y tiñe algunos arreglos, para luego hacerse más palpable, fraccionado entre una primera parte limpia y otra donde lo digital se va imponiendo y entonces escuchamos máquinas, samplers y glitches. “No lo hiciste” "EFDM” y "Bien así" podrían estar en Music de Madonna, un disco que abre el siglo XXI. “Nunca lo vas a entender” suena a 2026 y con “Lo mejor” volvemos al siglo XX. El disco que arranca arriba se desprende de todo su peso y termina, sutil, con un pequeño conjunto, casi una coda, de baladas íntimas.


“Los dioses se tienen que vestir” propone una lenta encrucijada, un mash up secreto de citas y líneas, como una máquina del tiempo creativa que mezcla diferentes pasados y nos termina llevando a una realidad paralela. Ahí Bayá construye ciudades de cristal, pistas de baile, naves galácticas del deseo, cuartos disciplinadores, traiciones, reencuentros y personajes sadomasoquistas del amor. Y es muy posible que durante ese viaje, los astronautas se enamoren.  


Catalina Bayá va a estar tocando el 15 de agosto en Biri Biri



 
 

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