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Última gira con el bromista infinito

  • Mar 13
  • 2 min read

Updated: Mar 14

por Marco Castagna

 

David Foster Wallace (Ithaca, Nueva York, 1962 - Claremont, California, 2008) se ocupó, antes de abandonarnos, de consolidar una obra inmensa y desconcertante. Parecía abarcarlo todo: desde Kafka al rap, de Tolstoi al tenis, de Lynch a una feria de langostas. Se presentó de un modo tan refrescante y vanguardista que críticos y lectores no tardaron en apropiarse del término wallaciano. Como si en el fondo eso significara algo, o como si después de leerlo uno intuyera que en el mundo aflora un virus de apellido Wallace.


Autor de ese libro único y majestuoso que es La Broma infinita (¿qué tan solo hay que sentirse para acometer la lectura de un libro de más de mil páginas?), cuya fama y notoriedad parecen haber abrumado al propio Wallace. Le molestaba, incluso le perturbaba, que muchos lectores encontraran al libro divertido, aunque sería más correcto decir que se trata de una novela supuestamente divertida.


Lo cierto es que tras su muerte se filmó The last tour (James Ponsoldt, 2015) basada en la convivencia y conversaciones con el periodista David Lipsky durante la gira de presentación de Infinite Jest. Un homenaje a la ironía y a la vez a la inocencia y soledad de un gran autor que también fue una gran persona. El plot es un viaje de nostalgia por el futuro de su obra inconclusa: el día a día de un prodigio que parecía estar cubriéndose por capas y capas de hielo, como su viejo Subaru estacionado en el jardín delantero.


Ahí está Wallace, el que amaba a los perros porque eran incapaces de quebrar sus sentimientos. Wallace y su bandana para enfriar la ebullición mental. Wallace repleto de tics y tocs. Wallace comprando una cantidad wallaciana de latas de Pepsi. Wallace y la seducción al lector. Wallace, que parecía vivir despidiéndose, o escribir para los fantasmas hasta convertirse él mismo en un fantasma. Wallace encerrado y atormentado por una gramática nazi, pero escupiendo con rabia libertad.


Wallace el escritor y Wallace el amigo desconocido.


Wallace escribiendo para perturbar a los calmados y calmar a los perturbados, como le había enseñado un viejo profesor de la universidad.


Wallace, Wallace, Wallace.


Amén. //RR.PP.



Foto: DFW en East Village, NYC, 2002 / Janette Beckman

 
 

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