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La gran llanura /2

  • Writer: Rodolfo Cifarelli
    Rodolfo Cifarelli
  • Dec 14, 2025
  • 2 min read

Updated: Jan 28

por Rodolfo Cifarelli


Caminaban frescos bajo el sol del mediodía primaveral porque se habían bañado en un riacho de agua clara. Al atravesar una herradura de álamos los sorprendió la solitaria carpa blanca. Se acercaron cautelosamente, se detuvieron a pocos metros de la entrada y alcanzaron a ver en su interior una silla de madera frente a un biombo negro de dos paneles perfectamente alineados. Las opiniones diferían. Para unos debían pasarla por alto (temían una trampa), para otros valía la pena requisarla.

–No hay un solo cristiano adentro –dijo una que dio una vuelta completa

alrededor de la carpa.

–Habría que entrar para comprobarlo –dijo otro convencido de que en esa carpa había más que una silla y un biombo.

Tras un corto debate acordaron que este último sería el encargado de investigar. No entraría más de uno porque podría haber una mina bajo el suelo de la carpa. Y fue así que, mientras el resto retrocedía, el hombre, facón en mano, como

pisando una delgada capa de hielo, entró. Inmediatamente una voz amable y andrógina, desde detrás del biombo, dijo:

–Puede sentarse y enfundar su arma. Sólo tengo para ofrecerle una pregunta.

El hombre, aún confundido, enfundó el facón y se sentó.

–Pregunte nomás.

–¿Qué son la realidad y la verdad?

El hombre se frotó los ojos y murmuró:

–Eso lo tendría que responder un filósofo o un poeta.

Detrás del biombo sonó una risita y después un largo suspiro de agobio.

–¿Filósofos? ¿Poetas? –dijo la voz– Les da terror enfrentarse al hecho de que la única verdad es lo que todavía no es realidad y viceversa. Se conforman con la orfandad y la ficción. Ustedes marchan hacia ese mismo hecho. ¿Qué triunfará? ¿Las comodidades del terror o las herejías, incluso las más crueles, de una nueva voluntad?

La voz calló.

–¿Quién es usted? –preguntó el hombre.

–¿No se dio cuenta?

–No.

–No se preocupe. Ya lo sabrá.

–Me gustaría saberlo ahora.

Una ráfaga de silencio ardiente roció la cara del hombre provocándole un súbito dolor de cabeza. Pensó en mirar detrás del biombo y enseguida imaginó una máscara senil, en parte rota, en parte quemada, flotando en el infinito. Entonces prefirió no hacerlo y salió.//RR.PP.



 
 

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