Tocá lo que escuchás
- Sebastián Napolitano

- Jan 15
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Updated: Jan 27
1. Tocá lo que escuchás. No sé ya dónde leí la frase. Probablemente en alguna de esas listas de consejos, como la de Monk o la de Chick Corea, que suelen circular en internet. Aunque podemos estar seguros de que fue expresada en formas y épocas distintas, en lenguas diferentes, aplicada tanto al arte como a cualquier otra disciplina. Se puede decir que es una idea algo gastada. Pero la verdad, no importa cómo suene, sigue siendo la verdad. Un poeta escribió alguna vez: “Ya está todo dicho pero hay que decirlo todo de nuevo porque no había nadie escuchando.”
2. Desde todo punto de vista, aprender a tocar es mucho más fácil que aprender a escuchar. Escuchar es un desafío más complejo, más amplio. Requiere más inteligencia, sensibilidad, experiencia. Tocar tiene límites: los que impone nuestra destreza, incluso nuestra anatomía. La escucha, si sabemos cultivarla, puede ser ilimitada.
3. En octubre de 1962, un submarino soviético B-59 iba en dirección a Cuba. El aire acondicionado no funcionaba. El calor era extremo y la respiración de los tripulantes agotaba el oxígeno. Días atrás habían perdido contacto con Moscú. Desde la superficie, buques estadounidenses arrojaban cargas de profundidad, señales acústicas para obligar al submarino a emerger. Pero dentro del casco era difícil saberlo. El B-59 llevaba un torpedo nuclear. Para lanzarlo hacía falta la confirmación de tres oficiales. Dos estuvieron de acuerdo. El tercero, Vasili Arkhipov, se detuvo a escuchar los intervalos entre las explosiones, su regularidad. El sonido no escalaba de manera caótica sino que respondía a un patrón. Así comprendió que no era un ataque, sino una advertencia y se negó a autorizar el lanzamiento. Tocá lo que escuchás.///RR.PP.



