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- La gran llanura /2
por Rodolfo Cifarelli Caminaban frescos bajo el sol del mediodía primaveral porque se habían bañado en un riacho de agua clara. Al atravesar una herradura de álamos los sorprendió la solitaria carpa blanca. Se acercaron cautelosamente, se detuvieron a pocos metros de la entrada y alcanzaron a ver en su interior una silla de madera frente a un biombo negro de dos paneles perfectamente alineados. Las opiniones diferían. Para unos debían pasarla por alto (temían una trampa), para otros valía la pena requisarla. –No hay un solo cristiano adentro –dijo una que dio una vuelta completa alrededor de la carpa. –Habría que entrar para comprobarlo –dijo otro convencido de que en esa carpa había más que una silla y un biombo. Tras un corto debate acordaron que este último sería el encargado de investigar. No entraría más de uno porque podría haber una mina bajo el suelo de la carpa. Y fue así que, mientras el resto retrocedía, el hombre, facón en mano, como pisando una delgada capa de hielo, entró. Inmediatamente una voz amable y andrógina, desde detrás del biombo, dijo: –Puede sentarse y enfundar su arma. Sólo tengo para ofrecerle una pregunta. El hombre, aún confundido, enfundó el facón y se sentó. –Pregunte nomás. –¿Qué son la realidad y la verdad? El hombre se frotó los ojos y murmuró: –Eso lo tendría que responder un filósofo o un poeta. Detrás del biombo sonó una risita y después un largo suspiro de agobio. –¿Filósofos? ¿Poetas? –dijo la voz– Les da terror enfrentarse al hecho de que la única verdad es lo que todavía no es realidad y viceversa. Se conforman con la orfandad y la ficción. Ustedes marchan hacia ese mismo hecho. ¿Qué triunfará? ¿Las comodidades del terror o las herejías, incluso las más crueles, de una nueva voluntad? La voz calló. –¿Quién es usted? –preguntó el hombre. –¿No se dio cuenta? –No. –No se preocupe. Ya lo sabrá. –Me gustaría saberlo ahora. Una ráfaga de silencio ardiente roció la cara del hombre provocándole un súbito dolor de cabeza. Pensó en mirar detrás del biombo y enseguida imaginó una máscara senil, en parte rota, en parte quemada, flotando en el infinito. Entonces prefirió no hacerlo y salió.// RR.PP.
- Teoría de la Internet muerta
por Juan Terranova 1 . Toda euforia lleva en sí su potencial disforia. Las vanguardias traen, en sus disruptivos enunciados, el germen de sus aporías. A toda revolución le sigue su Termidor. Una fuerza empuja hacia adelante y luego se desgasta y estanca. Es simple. Pero cuando nos envuelve el vértigo no resulta tan fácil recordar la existencia de una inevitable inmovilidad. Las drogas proveen los mejores ejemplos. El poder también. 2 . Las tecnologías sufren el mismo ciclo binario de arriba-abajo, éxtasis-depresión, pero a diferencia de los movimientos artísticos o políticos, dejan atrás artefactos que, sin llegar a ser basura, se van apilando y superponiendo. En el siglo XIX, Baudelaire temía que la fotografía destruyera el grabado de la misma manera que el grabado había desplazado a la pintura. Un siglo más tarde, las videocaseteras amenazaban el cine. Luego la televisión por cable desbancaba al VHS. Pero hoy se sigue pintando en caballete y seguimos pagando una entrada para experimentar la proyección de una sala oscura. En la modernidad, cada aparato prolonga sus tiempos más allá de la irrupción de su competidor. Por costos y practicidad, el cassette de cromo iba a suplantar al disco de vinilo. Pero hoy se siguen produciendo vinilos mientras hipsters del mundo compran cassettes originales en una gesto de nostalgia y escuchan la música comprimida en Spotify o YouTube. 3 . A principios de siglo, Internet fue reclamada por nuevos socialistas utópicos como lugar prístino de la democratización. Luego se parceló con las redes sociales y el capitalismo comenzó a horadar la libertad y la gratuidad cobrando todo tipo de cuotas y peajes. ¿Qué pasa hoy? Invocar el final es un gesto recurrente de nuestra época moderna. Y por eso, ya existe una Teoría de la Internet muerta. Según esta teoría, invadida de forma silenciosa por IA, robots y publicidades, Internet habría muerto entre el 2016 y el 2017 , y hoy estaríamos viviendo en otra zona de la evolución digital. El flujo real habría descendido en esos años a la mitad, poniéndonos frente a pantallas zombificadas. Más que una zona muerta, estaríamos transitando una zona que muere. O sea, un lugar enfermo. 4 . La plataformas anegadas de usuarios falsos, el abuso de los paisajes y personajes de cientos de IAs, los pop-ups psíquicos, persiguiendo beneficios cada vez más escasos, estarían creando un flujo de interacciones hombre-máquina, mientras se decrece hacia un grado cero, una existencia sólo máquina-máquina, donde los usuarios humanos serían una minoría aislada que día a día va perdiendo el interés. Ahora bien, ¿genera alivio la idea de ese apocalipsis íntimo? Un futuro con una Internet solipsista replicando un sinfín de plataformas ilegibles y aburridas ¿nos devolverá a la vida analógica? La perspectiva resulta más pantanosa, intrincada, llena de frustraciones, idas y vueltas. Todavía habitamos, entre residuos luminosos y ecos de trampas comerciales, esta cultura digital que se impuso en el siglo XXI. Sin embargo, la imagen de un robot de lata tecleando en una oficina vacía para venderle, prescindiendo de todo tipo de intervención humana, un producto de higiene corporal o una reserva en un hotel a una IA cuya base de datos está del otro lado del mundo se parece mucho a una ligera revancha./// RR.PP.
- La ironía en las redes
por Sebastián Napolitano Se suele confiar a la ironía la capacidad de denunciar la impostura. Pero hoy esa denuncia se ha vuelto un gesto tan sospechoso como aquello que pretende desenmascarar. La ironía se mira al espejo. Señala con el dedo, y ese dedo se vuelve en su contra. La ironía se volvió melancólica por naturaleza. Añora la sinceridad, la reclama, quisiera devolvernos una forma de inocencia amparada en su dudosa lucidez. Pero tanto la inocencia como la distancia irónica se han vuelto imposibles: la sospecha es ubicua, recae sobre todas las cosas. Ya no hay opiniones ni declaraciones de principios. Solo intenciones. Ya no podemos leer o escuchar de otro modo. De hecho, la lógica de las redes ya no puede explicarse únicamente a través del estribillo del “me gusta” o del narcisismo. Lo que las cubre, como una niebla espesa, es la sospecha permanente. La lectura y la escucha contemporáneas ya no interpretan: interrogan motivos. No importa qué se dice, sino para qué o quién se dice. No es mera incompetencia: el lector literal vive asediado por la sospecha, un efecto que la lógica de las redes volvió inevitable. Por eso el juego de la seducción ya no fascina. Aquello que alguna vez fue un protocolo —un consenso de palabras y gestos que permitía insinuar una intención sin agotarla— se volvió la lengua común de todo intercambio de signos. Despojada de su dominio de ambigüedad, ya no produce ningún efecto. Es la parodia de un juego que ya era, en sí mismo, paródico. Por eso, la denuncia irónica ya no corre otro destino que traicionarse. Dejó, incluso, de ser irónica. En la música, el oído percibe de inmediato lo que la teoría tarda en asimilar: no hay expresión sin gesto. Tratar de distinguirlos es inútil. La relación dialéctica entre la pedantería, el mal gusto, la imbecilidad y la ironía tuvo fuerza en la Europa de Schlegel. Bastante le ha dado la ironía a la cultura y al pensamiento. Seamos piadosos con ella. Y con el prójimo./// RR.PP.
- La última frase
Por Bruno Casabona. "La Última Frase" fue publicado en 2024 y recolecta más de 450 finales de obras literarias. Encontré el ensayo de casualidad, en la librería La Batisfera de Valencia, durante un viaje que aproveché para conocer algunos autores contemporáneos de la zona. Entre cuatro o cinco, quien más llamó mi atención fue Camila Cañeque. Aunque su talento literario es innegable, destaca ante todo su producción museográfica. En sus proyectos hay objetos que caen, casi por accidente, en grandes salas de exposición, collages fotográficos realizados con los restos de una fiesta, performances como front woman de una banda en la que no canta, overviews de libros sin palabras y hasta santuarios dedicados al pole dancing. Por el contrario, el tono de "La Última Frase" es más solemne, e incluso va oscureciendo en la medida en que avanzamos sus páginas. Lo que hace la autora es acumular estos finales para después organizarlos y clasificarlos, y más allá de que el tema central sean conceptos de estructura literaria -tiempo, ritmo, silencios-, el libro funciona como una guía de lectura, fuera un índice de clásicos o los must read de la propia Camila. Varias reseñas y galerías coinciden en que el tema central de Cañeque es el cansancio, y que su práctica es un elogio a la inmovilidad. Paradójicamente, dicho estado es abordado por una persona hiperactiva, al menos en lo que respecta a la cantidad y diversidad de su trabajo. Tanto es así que con treinta y nueve años logró desarrollar un enorme número de proyectos en los campos del arte plástico, performático, fotografía, música y literatura. Aunque me moleste admitirlo, lo que más impacta de su obra es el final: no el del libro, sino el de la propia Camila, quien murió pocos días antes de su publicación. “La Última Frase” termina siendo un título premonitorio y tangencial, como quizás también lo fueran la primera y última cita del ensayo: "Amén", de La Santa Biblia, y “Vale”, del Quijote./// RR.PP.
- La gran llanura /4
por Rodolfo Cifarelli In memoriam Alberto Cifarelli, Negro querido, noble hasta el fin (1954-2026). Death stands above me, whispering low/I know not what into my ear:/Of his strange language all I know/Is, there is not a word of fear. Walter Savage Landor. (Primer Manifiesto Desarrapado.) 1 . Hemos inventado una nueva esperanza y por eso cada acto de nuestras manos carecerá siempre de la perfección última. 2 . A la pregunta (inevitablemente capciosa) del enemigo se le responderá con un sorpresivo sistema de agresión. 3 . No es ya cuestión de debate qué hacer: la solución es hacerlo obedeciendo la ley primera. 4 . A la teoría la renueva la idea, a la idea la práctica, a la práctica la fe, a la fe la sangre, a la sangre el orgullo. Ciclos y cielos se corresponden. 5 . Quemar no bien aparezcan ante nuestros impulsos los ojos cicatrizados de los traidores: son ojos secos de buitres que vieron impasibles nuestra sed de las tardes de domingo, nuestra desorientación en las calles de alias dudosos, nuestras bocas abiertas ante monos sabios que trazaban en pizarrones de aire archipiélagos ignorantes de lo realmente absoluto. 6 . La paz es una bestia piromaníaca que no les sirve a los muertos y sus encantos alucinatorios mata a los vivos. 7 . Presiones tácticas son seguidas de represiones estratégicas, nunca al revés. 8 . Se respetarán las vidas y los bienes de los inocentes (en verdad: los inocentes apenas sobreviven y sus bienes son nulos o escasos). 9 . Se hará un brindis por el amigo caído y dos por el enemigo caído. 10 . Viejas derrotas se convierten hoy en un punto inmóvil que noche tras noche se quemará en nuestras hogueras hasta borrarlo del infinito y de cualquier imagen del infinito. 11 . Lo que fue es ahora y será siempre: fuego que no descansa ni en sueños: el resto es historia sobre un mar de vientos: todo sucede y no sucede sobre una roca que rota en el infinito. 12 . Somos más importantes que lo que nos rodea: los que nos rodea se rodea a sí mismo gracias a nosotros, que somos causa eficiente de su creación, movimiento e inercia. 13 . Cuando todo está perdido, todo necesariamente viene del futuro. 14 . Aprender a ocultarnos de lo que nunca desaparece. 15 . Vengar a Ajáx, abrumado por la furia.// RR.PP.
- Sin eufemismos
por Juan Terranova Una mujer joven se filma llorando y dice “qué asco la mugre, odio a los bolivianos.” También se queja de haber nacido pobre. Trump dice: “La diferencia entre Irak y Venezuela es que Bush no se quedó con el petróleo. En Venezuela nosotros nos quedamos con el petróleo.” Antes de que lo mataran, Charly Kirk dijo, sonriendo, que Israel intentaba una limpieza étnica en Gaza. Después, Pete Hegseth, veterano y presentador televisivo, reemplaza el cartel de Departamento de Defensa por el de Departamento de Guerra y dice que ya no se trata de defenderse, sino de ganar guerras. Donald Trump en el Foro de Davos exige que Dinamarca renuncie a su soberanía sobre Groenlandia y se la ceda a los Estados Unidos. El eurodiputado danés Anders Vistisen le responde: “Permítame decirlo con palabras que pueda entender: Mister presidente, fuck off .” La única metáfora que encuentro –muy pobre– es un grupo de republicanos en Washington cortando, para las cámaras, una torta con la forma de Groenlandia que tiene los colores de la bandera de Estados Unidos. Y quizás Trump esté usando una hipérbole cuando dice que va a borrar a Irán del mapa, pero quizás no. Los ejemplos parecen infinitos. Todos los días hay noticias similares en IG y Tik Tok, en X y en Facebook. ¿Son las plataformas las que nos hacen pensar de esa manera? Lo breve, lo vertiginoso, lo veloz no son características privativas de este momento histórico pero hoy algo cambió. Antes el político ensayaba un semblante clásico, frío, responsable. Jugaba a ser pastor de pueblos o burócrata eficiente. Hablaba midiéndose. Antes –hace años, meses– había un costo político cuando se citaba la muerte y la destrucción. Ahora no. Al contrario. Décadas de entrenamiento en las elipsis y en las medias lenguas hace que nos sorprendan las amenazas directas y los insultos. Los tropos caen. ¿Hay alivio en que se hable sin rodeos? ¿Necesitábamos esa cruel literalidad? Hoy se habla sin eufemismos. Lo que se dice es atroz, transparente. Pero las atrocidades siempre estuvieron ahí. La novedad es que ya nadie usa máscaras. ¿Ganamos o perdemos con ese proceso? La taba está en el aire.//RR.PP.
- I love China
por Patricio Erb Durante décadas, China fue presentada como el reverso incómodo del “mundo libre”: eficiente pero opaca, poderosa pero políticamente limitada. Una potencia económica sin carisma ideológico. Sin embargo, algo cambió. Y no fue China quien necesariamente impulsó ese cambio de imagen, sino Estados Unidos por la manera en que promovió la discusión y comenzó a tensionar sus propias reglas. El storytelling de la democracia de Washington, asociado a instituciones sólidas, consensos y previsibilidad, empezó a desarmarse desde adentro. Donald Trump no sólo rompió protocolos, sino que deslegitimó formas tradicionales de hacer política hacia adentro y en el mundo. En ese proceso, sin proponérselo, dejó al descubierto virtudes chinas antes negadas. De repente el pragmatismo político verticalista comenzó a verse más como ventaja competitiva que como defecto autoritario. Así China empezó a ser validada también en el plano institucional. No porque se convirtió en un país “democrático” dentro de los parámetros occidentales, sino porque el propio EE.UU. puso en discusión el valor de sus propias reglas. En ese nuevo escenario, la carencia histórica atribuida a China, que era básicamente otra forma de hacer política, dejó de ser un problema y pasó a ser una alternativa. En ese sentido, quedó de manifiesto su poder económico, que dejó de ser una abstracción de datos para convertirse en un deseo de consumo. En Argentina, la llegada de barcos cargados de autos BYD (Build Your Dreams), líder mundial en la fabricación de autos eléctricos e híbridos, o la posibilidad de comprar por Shein, vinieron a cubrir la demanda aspiracional que estaba simbólicamente vedados para los productos provenientes de la República Popular China. La decisión de Trump de llevar la disputa a un plano comercial, dejando de lado la narrativa de las instituciones democráticas, permitió que el comunismo generara, a través de la tecnología, el diseño y la eficiencia, una fantasía capitalista global. Tal vez por eso empieza a emerger una frase impensada hace algunos años, no como consigna ideológica política, sino como un síntoma de época: I love China.// RR.PP.
- Follow the money
por Damián García Los grandes programas científicos del siglo XX, las universidades estatales, las academias ilustradas y los mecenazgos han sido modelos de producción científica con mayor o menor éxito. ¿Pero qué marcas de influencia dejaron en el tipo de saber obtenido? La relación entre los beneficiarios y los mecenas no era solo un vínculo monetario. Un buen mecenazgo significaba acceder a una profusa red de contactos, influencias y credibilidad. Antes, el prestigio del mecenas respaldaba al beneficiario. En la actualidad, la propia comunidad científica ha desarrollado un sistema de revisión por pares en el que son ellos mismos los que validan o rechazan las premisas y los resultados. ¿Cómo se cuantifica esa validación? Existe todo un sistema de métricas que evalúa alcance, impacto e influencia de los artículos científicos. Hecha la ley, los científicos hacen la ciencia que más les conviene. Mientras que la validación se da hacia adentro del círculo, la financiación se consigue por fuera. Si este esquema se ve como una conquista de la autonomía, se desconoce que existe una inercia en la inyección del dinero que arrastra y moldea el camino de los científicos. Las bandas dentro de las cuales pueden ejercer su voluntad investigadora están predeterminadas. Estas marcas del dinero funcionan también porque operan sobre los anhelos de los científicos. ¿Interesa el conocimiento o el prestigio? Es difícil escindir ambos aspectos cuando en ninguno de los sistemas se pudo construir saber sin reconocimiento. Es cierto que el dinero no se involucra de forma directa en la producción del conocimiento, como tampoco los mecenas intercedían con comentarios técnicos en las ideas de sus beneficiarios. Sin embargo, el interés se agotaba. Del mismo modo, hoy los riesgos de que una línea de investigación se debilite o desaparezca son altos. El entramado de burocracia, egos, intereses geopolíticos y presiones opera encubierto. Más difícil de evidenciar y más críptico que el humor y entusiasmo cortesanos.// RR.PP.
- La dama del martillo
por Sebastián Napolitano A mediados de los 90, el director holandés Reinbert de Leeuw, hizo una visita a una compositora rusa olvidada en su casa de San Petersburgo. Esta quedó registrada en un video de cinco minutos que se puede ver en Youtube. De Leeuw llega a un complejo de departamentos, algo rústico. Galina Ivanovna Ustvolskaya, que parece una profesora de colegio primario, abre su puerta y lo recibe. Es tan amable como distante. Con Reinbert de Leeuw. Foto: Robert Schlingemann, 1995. Su habitación es de un ascetismo soviético: fotos en blanco y negro enmarcadas, manchas de humedad en las paredes, un teléfono sobre un mantel, un Cristo crucificado, un escritorio con unos pocos papeles, cartas y calendarios. La cama tiene una frazada descolorida. Lo único que aporta algo de color es el verde de algunas partituras acomodadas en un mueble. Sobre el piano, hay manuscritos con una escritura densa, llena de marcas, indicaciones y acentos. La cámara hace un plano sobre algunos libros: Mozart de viaje a Praga de Eduard Mörike, La felicidad puede estar en una rama de Hans Christian Andersen. Ambos en alemán. La vida de Ustvolskaya no tuvo mayores sobresaltos y puede resumirse en un par de líneas. Nació el 17 de junio de 1919 en Petrogrado. Estudió desde 1937 hasta 1947 en la Escuela de Música de Leningrado y d espués de recibirse se dedicó a dar clases. Apenas salió de su ciudad hasta su muerte en 2006. Hasta los años 70 solo se habían grabado dos de sus obras que pertenecían a un período anterior a 1950, época en la que compuso una buena cantidad de música según los lineamientos del realismo socialista y que más tarde repudió y eliminó definitivamente de su catálogo. En la URSS, en todo ese tiempo, su música había pasado desapercibida tanto para las vanguardias como para la ortodoxia oficial. A Ustvolskaya esa indiferencia no le importaba. “No hay en mi música”, decía, “ninguna influencia de ningún compositor ni vivo ni muerto”. Se dice que fue amante de Shostakovich. También se cree que después de la muerte de su esposa Nina en 1953, él le propuso matrimonio dos veces. Pero ella lo rechazó. “No hay influencia de Shostakovich en mi música”, decía, “ni podría haberla”. Con Rostropovitch. The Amsterdam Concertgebouw, 1996. Foto: Marcel Molle. Los musicólogos que comentan su música de concuerdan en que representa una visión única del mundo más allá de los contextos en los que fue producida. Alguna vez le propusieron incluir sus obras en un concierto de “compositoras mujeres”. Cuando se entera le escribe a un amigo: “Con respecto al «Festival de Música de Mujeres compositoras» me gustaría decir lo siguiente: ¿Realmente puede hacerse una distinción entre música escrita por hombres y música escrita por mujeres? Si ahora tenemos «Festivales de Música de Mujeres compositoras», ¿no sería correcto tener «Festivales de Música de Hombres compositores»? Soy de la opinión de que no debería permitirse que tal división persista. Sólo deberíamos tocar música que es genuina y fuerte. Si somos honrados en eso, una interpretación en un concierto de mujeres compositoras es una humillación para la música. Espero sinceramente que mis comentarios no ofendan a nadie. Lo que digo sale de mi más recóndito ser…” También dijo una vez: “El que de verdad ame mi música tendrá que renunciar a cualquier forma de análisis.” En 2005, un año antes de la muerte de Ustvolskaya, el director holandés Joseé Voormans filmó una película de media hora llamada Un Grito en el Espacio en el que se muestran los preparativos y los ensayos de la Segunda Sinfonía . Al principio del material se la ve a Ustvolskaya sentada en una silla, al borde de un lago, un escenario no particularmente idílico. Según ella es un lugar al que va a caminar, a disfrutar de la naturaleza. — Acá compongo con mi mente —dice. —¿Acá? ¿Sin papel? —le pregunta el entrevistador. —Sí, en este lugar. —Mi música es muy difícil de entender — dice después Ustvolkaya, parada junto a un árbol. Ustvolskaya lleva a los realizadores por una ruta desolada. Viajan en auto y la compositora lleva las manos sobre las rodillas. Ella indica con un gesto de la mano y se detienen. Es invierno y no hay flores, solo unos árboles con hojas amarillentas. Al costado de la ruta se ve el pasto irregular extendiéndose hasta el horizonte. —Acá —dice Ustvoslkaya —acá es donde compuse mi Segunda Sinfonía . Puse mi energía, mi fuerza, mi corazón y mi alma en esta sinfonía. Todo lo que había en mí está en ella. En los ensayos dirigidos por Reinbert de Leeuw se escuchan los clusters persistentes de la música de Ustvolskaya. En la sinfonía está previsto que intervenga un actor que dice algunas palabras aisladas: Señor, Verdad, Misericordia. Las palabras se repiten en tres secciones distintas de la sinfonía. Según escribió la compositora al principio de la partitura eso es un grito en el espacio, la voz de una persona solitaria que está en una situación de la que no puede salir y en su descenso le pide ayuda a Dios: Oh, Señor, Verdad y Misericordia Eterna. Ustvolskaya dice que su música no es religiosa sino espiritual. Cuando le preguntan, responde: —La espiritualidad es aquello que queda de una persona cuando se saca todo lo demás. Hacía el final del documental se puede ver a Ustvoslkaya llegar en silla de ruedas al ensayo general. Se la ve nerviosa. Sigue la música con su partitura llena de marcas e indicaciones. Terminado el ensayo la entrevistadora le pregunta si la sinfonía aún significa lo mismo que cuando la escribió. —¿Se siente sola? ¿Aún le pide ayuda a Dios? —Sí —contesta ella. —¿No es eso triste? —Sí, pero así es mi vida —dice. Alguna vez un crítico musical llamó a Ustvolskaya “la dama del martillo”. En sus obras se escucha esa insistencia que solo puede alimentar una soledad infinita./// RR.PP.
- Pinches fuerzas del mal
por Felipe Devincenzi Hace unos años merodeaba las estanterías de Tres Cruces , en la colonia Coyoacán, cuando di con la edición ERA de Las batallas en el desierto . El libro es tan precioso como el relato de Pacheco: entre la tapa y el texto median un par de hojas acartonadas, el gramaje es denso, la impresión nítida, pero ante todo destacan las imágenes de Nacho López. El archivo del tamaulipeco es tesoro de la Fototeca Nacional de México , y en él relumbra el magnetismo del antiguo Distrito Federal. Peatones trajeados, organilleros, los Packard de la posguerra. Es probable que en esos fotoensayos, publicados en antiguos semanarios como Siempre! y Mañana , y titulados con misticismo por el propio López ( Bajo la lluvia, México y usted se veía así ), se haya inspirado Rodrigo Santos para filmar Belascoarán (2022). La miniserie fue financiada por Netflix, quizás para evitar el monocultivo de cliffhangers pochocleros, acierto que también permitió, entre varias joyas, el rodaje de Roma . Ambas ciudades -la de Cuarón y la del detective- confluyen en ese damero asediado por los movimientos de izquierda, la represión del halconazo y un mestizaje que transige el urbanismo yanqui del policial noir. La idea original es de Paco Taibo II, que en sus muchas novelas anhela un sincretismo entre la crudeza de Hammett y el lirismo melancólico de Chandler, y aunque las diferencias con la serie son evidentes, las versiones coinciden en el humor chilango, y en la noción de que un justiciero mexicano terminará, sí o sí, haciéndole la guerra al Estado. Por último, vale decir que Belascoarán rezuma el esplendor de Luis Méndez. El actor ya había enfrentado una ola de femicidios en Narcos , pues los guionistas de Netflix entendieron que no es posible hablar de cárteles sin evocar a las muertas de Juárez. En todo caso, pareciera que entre el DF de José Emilio Pacheco y la actual CDMX se viró el timón hacia el quinto infierno. Y eso que en Días de Combate (1976), a Belascoarán ya le advertían: “ Cuídate del Comandante de la Judicial, que en sus horas l ibres, las horas que le sobran de golpear estudiantes o torturar campesinos, no se dedique a estrangular mujeres”. Foto: Nacho López, CDMX
- "Escribo cuando no estoy escribiendo"
Néstor Leuchenco es escritor, dibujante y artista conceptual. Publicó El método Levchenko en @EdicionesBucarest . ¿Escribís todos los días? Todos los días y a cada segundo. Escribo cuando no estoy escribiendo: mientras camino o lavo los platos y hasta sentado en el inodoro. Escucho, pienso y sobre todo: miro. Cuando era dibujante tenía memorizadas las cosas más pelotudas, como el diseño sinuoso de los pasamanos del subte A. Pero de una manera asombrosa todas esas rarezas me sirven ahora, que solo escribo. Recomendame dos libros recientes. Mis libros recientes son muy antiguos. Uno no entraría en mi recomendación, porque hoy es difícil encontrarlo en el país, y porque es el segundo tomo de tres: Las mil y una noches que Aguilar editó traducido por Cansinos Assens. Sí pueden conseguir en las librerías de viejos éstos: Confesiones de un opiómano inglés, de Thomas de Quincey, y Los paraísos artificiales del vino y el hachís, de Baudelaire. Juraría que la construcción de cualquiera de sus párrafos serviría para advertirnos sobre lo que nos falta a los escritores de hoy. Yo solo los consulto como parte de la documentación de mi actual novela (Todos serán Buck) que transcurre, debidamente, en el tenebroso Raval de Barcelona. Si pudieras elegir un destino en cualquier parte del mundo para ir ahora ¿cuál sería? París. Cada vez que voy a esa ciudad sé exactamente qué voy a ver, y que eso me va a gustar mucho. Cuando estoy allí todo consiste en constatar lo que ya sabía antes de viajar. Por eso regreso y digo: “Me gustó”. ¿Qué estás leyendo ahora? Un libro de crónicas de viajes: Expreso Netaji , de un músico Felipe Devincenzi que compone muy bien hasta cuando escribe. No estamos en esta vida de paso, sino para viajar. Recomendame una cuenta de Instagram y un disco. Ninguna cuenta de Instagram. Un disco: Charles Mingus Sextet with Eric Dolphy (Cornell 1964). Lo escucho y me olvido de mi edad. O mejor: recuerdo que la edad es una unidad de medida con mucho margen de error.//RR.PP.
- Pixies, Naranjú, Faso
Por Felipe Devincenzi En abril de 1989 Pixies grabó su segundo álbum en Boston. Veinte años más tarde reventaron el Luna Park. Fue una noche memorable, los porteños añorábamos su música y la fe se renovó en esa aparición milagrosa: cuatro gordos mal vestidos, con un repertorio a prueba de balas. Cuando arrancaron Debaser, el pogo replicó esos versículos con precisión monástica: “una chica muy groovy”, arengaba Black Francis, “no sé qué onda vos, pero yo soy un perro-Andalucía”. Diez años más tarde, la golosinera Suschen SA quebró y tres chicas muy groovies formaron MUGRE. Suschen fabricaba las mielcitas que los milenials congelábamos en verano y succionábamos en los recreos. Un jarabe adictivo, refrescante, empalagoso. De esa generación vienen las cantautoras de @bochademugre , pero más que su contrapunto solístico, la banda expresa la utopía de tocar en bloque, downpicking, amparadas en el refinamiento que legaron los “Duendes” al indie del S. XXI. Decir que en Somos Profesionales (2024) rebota el eco de Doolittle es una obviedad. El título también: en sus primeros singles, estas pixies sonaban como una banda del sello Laptra, o sea con guitarras crudas, melodías kitsch y vicios que solo zafaban en obras como Cartas y Ni tu perra . Su primer LP, al contrario, culmina la profesionalización: un espectro más oscuro, redondeado por el konex-premiado Tweety González. El álbum abre con un bajo muteado y luego un acorde pungente. El modus-Pixies se replica en la letra: versos escuetos, salpicados, como si fueran pinceladas de Lee Krasner. Dame Menos (#2) es una apuesta tan apática como ‘Tame’, y Quién Eras es el hit de tempo meloso, guiado por la voz de la baterista. La playlist presume varios puntos fuertes, antes de arrancar un tríptico punk en el track 7 y rematar con un instrumental. El tema homónimo es tan pegajoso como las bolsas de azúcar que producían los obreros de Suschen en los 90. “Rico como el Naranjú”, clama el estribillo. Hace poco lo reescuché en una sesión que grabaron en México. La subieron hace unos días y suenan como en el disco: contundentes, precisas, profesionales. Me recuerdan mucho aquel Luna primaveral del 2010.// RR.PP.











