NOTAS
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- Ludwig Boltzmann
por Damián García El 5 de septiembre de 1906 Ludwig Boltzmann se colgó de un árbol, en Italia. En el análisis de las causalidades, resulta irónico que hubiera establecido mediante su teoría una correlación entre el comportamiento de los átomos y las propiedades macroscópicas medibles. ¿Qué suma de escenas elementales concluyeron en su ahorcamiento? Boltzmann fue el primero que vinculó los métodos estadísticos con el determinismo newtoniano. La inclemencia del debate científico sobre la existencia del átomo lo llevó a una depresión solitaria. Sus ideas eran resistidas y su verdad no le alcanzaba para convencer al resto de que incluso lo fundamental dependía del azar. De su muerte se ha especulado mucho ¿cuál es el problema de que ni siquiera aquellas leyes primigenias de las que se deduce el comportamiento de la naturaleza estén contaminadas con la duda probabilística? Los caminos matemáticos anteceden a las explicaciones físicas, abroqueladas con otros principios. Estas explicaciones, aunque elegantes, son largos desarrollos conceptuales que la mayoría de la comunidad científica no está dispuesta a seguir. Por tiempo o pereza. Entender en profundidad un fenómeno tan esencial como el movimiento planetario o la estructura de los átomos requieren de esfuerzo y paciencia. Se genera entonces una inercia de la aceptación. Si la comunidad científica acepta un postulado, con sus respectivas implicaciones filosóficas, no significa que haya necesariamente entendimiento sino, por el contrario, desentendimiento de ese nodo conceptual. ¿Podemos pensar que esta inercia es ciencia? Con esta velocidad se alcanza la híper-especialización. Entonces ¿cuál puede ser el método científico de una masa con velocidad que se proyecta sobre la nada? ¿Pueden las leyes fundamentales depender del azar? Hoy la respuesta aceptada es que sí. Imagino que serían muy pocos los científicos capaces de invertir su tiempo en fundamentar y en nutrir sus propios razonamientos con esta idea. Muchos menos cuestionarlos. Pero entonces ¿cuántos ahorcados se necesitarían para cambiar de nuevo el rumbo?//RR.PP.
- Tenis
por Juan Blanco / @_juanblanco En Wimbledon (2004), Match Point (2005) y Challengers (2024) los protagonistas son tenistas profesionales pero se nota que juegan como principiantes. Esto hace que la truculenta tragicidad pop del tenis (el deporte solitario, vanidoso, vertiginoso) que se intenta relatar se desinfle letalmente en las escenas de juego, engendrando un halo cómico que se impregna en toda la película. Esto podría ser intencional, un gesto de vanguardia que libera a la ficción de la llana mímesis (pienso en Challengers o Match Point), o simplemente una insolencia kitsch (Wimbledon), pero me parece que no es el caso y que simplemente los hacedores no se dan cuenta, y que si lo hicieran el resultado podría ser mejor, por ejemplo con un uso virtuoso de dobles de riesgo (digo esto porque la edición de las escenas de juego se nota bastante intervenida, generando que la pelota por momentos haga movimientos gravitatorios exóticos, casi lunares, por lo que ningún temor al artificio puede ya ser procedente). La tesitura profesional pareciera intentarse a través de la velocidad, ya sea del montaje o de los movimientos de los actores, pensando que el tenis va a ser mejor mientras más rápido se vea, pero en medio de tanto dinamismo el desempeño sigue delatándose principiante. Esto se nota en dos sutilezas: la falta de sprint del antebrazo y la forma de empuñar el grip. El rol del antebrazo en el golpe es mayor mientras mejor jugás. Ese proceso no tiene atajos, no se puede fingir para una toma. El rol del antebrazo requiere una ganancia gradual de fuerza mediante horas y años de juego, y tampoco es replicable a través del gimnasio, en que el antebrazo trabaja las fibras lentas (tipo I) y no las rápidas (tipo II), que son las que aquí importan. Al no tener la capacidad de hacer el sprint con el antebrazo, el agarre del principiante es necesariamente diferente, con una mayor rigidez en la muñeca y una toma un poco más alta (más alejada de la base del grip). Distintas manifestaciones de estas precariedades son las que se pasan por alto en las películas, dándoles un involuntario aura chistoso.//RRPP
- Una escandalosa irregularidad
por Juan Terranova Néstor Barron – @barron_nestor – es escritor y guionista. Edita la Revista Revolver de historietas. ¿Escribís todos los días? Escribo desde siempre con una escandalosa irregularidad. Cuando lo hago, puedo pasar tres meses produciendo páginas y páginas cada día. Y después puede pasar un año, a veces más, sin escribir una línea. ¿Qué cosas te inspiran o te dan ganas de escribir? Todo, o nada en especial. Voy anotando situaciones o comportamientos que me llaman la atención (lo cual sucede todo el tiempo), y en algún momento tomo todos esos ingredientes y amaso (así sale, dirán algunos detractores). Recomendame dos libros de poesía recientes. En el caso de libros de poesía, más que reciente o antiguo se trata de que se puedan conseguir. Recomendaría “Chullachaqui” de Virginia Janza (Viajera Editorial @virginiajanza ), y “El animal que agoniza ahí afuera” de Paula Varela (Ediciones Continente @edicontinente ). Si pudieses elegir un destino en cualquier parte del mundo para ir en estos días cuál elegirías? Seguramente una isla. Enez Veur, en la Costa de Granito Rosa de Bretaña, o Dingle, en Irlanda. ¿Estás escribiendo ahora? Tomé un personaje femenino que aparece en un par de mis novelas, y estoy escribiendo como si la autora fuera ella. Recomendame una cuenta de Instagram y un disco. Una cuenta: @celanenlaespera (Alberto Muñoz, nuestro último renacentista). Un disco: aunque mi territorio es el rock, recomiendo “Paolo Conte, Live at Venaria Reale”.// RR.PP.
- Cuatro variaciones sobre el mar
por Juan Terranova La biblioteca argentina tiene muchos libros sobre el mar, pero siempre parecen pocos comparados con los libros de la llanura tierra adentro. Sebastián Chilano – @sebachilano – acaba de publicar, por @qejaediciones , "Cuatro variaciones sobre el mar", un ensayo fragmentario e impresionista que habla de la costa, de ese espacio donde tierra y agua se tocan. A Chilano el género no le resulta extraño y esta vez nos propone pensar también su ciudad. Mar del Plata tiene sus narradores. Pero él elige ensayar. Con una prosa lírica, sin urgencias, examina qué sucede cuando vemos el mar y lo cruzamos con nuestra experiencia, con la tradición, con diferentes tipos de mitologías, íntimas o antiguas. ¿Qué es el mar? ¿Por qué nos gusta? Como ensayista, Chilano se deja arrobar por las ideas, no les exige mucho, las despliega en variaciones, con un estilo astuto y casual. Una cita: "Pensar el mar solo desde la guerra es insuficiente, parcial." Otra: "No se equivocaba Heráclito cuando elige hablar del río, el mar que miramos es siempre el mismo mar, desde la infancia hasta la vejez." Otra: "El mar siempre ha sido un lugar poco conocido. Su base es fantástica, onírica." Hay algo de marea que sube lenta y firme en el libro. Y en su prosa aparece esa confianza melancólica que tienen los lectores que leen sin apuro. Cuando uno entra en ese ritmo, Chilano le narra historias de pasiones, de equívocos, nuevas y viejas escenas de la costa. Me faltó un poco más de historia de Mar del Plata en estas "Variaciones" -el libro sube de golpe cuando aparecen los turistas y sus baños- pero estoy seguro que la respuesta de Chilano a mi pedido sería: "No te apures. Las historias están ahí, y se cuentan mejor sin ansiedad." Es muy fácil recomendar "Cuatro variaciones sobre el mar" por su calidad y también por su calidez y porque se suma a la lista de libros que nos cuentan eso que a veces no vemos aunque lo tengamos enfrente.///RR.PP.
- Tu cuerpo al CV
por Agustina González Carman Meses atrás The Guardian publicó un artículo donde afirmaba que algunos maratonistas empezaron a incluir sus carreras como un logro en el currículum laboral. Correr una maratón ya no solo como una experiencia física o una hazaña personal sino como prueba de carácter que se traduce en valor como fuerza de trabajo. El trabajador ideal no descansa: se entrena. Administra su energía, se autoexige, optimiza sus límites. No descansar se convierte en una medalla moral. En “Haz de cambiar tu vida”, Peter Sloterdijk escribe que el ser humano es un animal de entrenamiento, un ser que necesita ejercitarse para sentirse real. Pero en la era del rendimiento, ese entrenamiento se vuelve permanente y sin trascendencia. Ya no nos disciplinamos para alcanzar la salvación o la virtud, sino para mantenernos productivos, resistentes, medibles. Correr, meditar o levantar pesas no son sólo prácticas físicas: son ejercicios de autoconstrucción simbólica. Pero cuando esos ejercicios son evaluados como valor de cambio se revela su captura por la lógica del capital. El entrenamiento deja de ser una búsqueda de autotransformación y se vuelve una forma de autoexplotación voluntaria. Correr, meditar, levantar pesas, ayunar son formas de autodiseño que esconden una nueva forma de obediencia. El maratonista que acredita su carrera en el CV no dice “corrí 42 kilómetros”, sino “sé soportar el sufrimiento”. Correr ya no sirve para escapar de nada, sino para estar a la altura de un ideal invisible: el de la mejora continua. Lograr “un cuerpo aesthetic” es el mantra de una generación obsesionada con la mercantilización de su identidad. Tal vez ahí esté la trampa: cuando el esfuerzo deja de tener un fin interior y se vuelve una estrategia de supervivencia simbólica, lo que se entrena no es el cuerpo, sino la obediencia.//RR.PP.
- Una incursión en Malvinas
Juan Rattenbach – @jmrozas – es abogado e investigador especializado en el Atlántico Sur. Su nuevo libro, “Crónica de una incursión en Malvinas” – @grupoeditorialsur –, se presenta el jueves 20 de noviembre, 16 hs. en el Museo Malvinas. ¿Cómo nació la idea del libro? El libro nació inmediatamente después de mi viaje a Malvinas. Tenía la necesidad de plasmar lo que para mí fue ver el colonialismo en primera persona utilizando las anécdotas o vivencias como una excusa para presentar una radiografía actual de lo que está pasando en nuestro territorio. ¿Qué cosas te inspiran a la hora de escribir? Sinceramente, lo que me inspira a escribir es sentir que hay algo para contar que del otro lado quiere o necesita ser escuchado. En este sentido soy funcionalista. Escribo pensando que estoy aportando un pequeño granito de arena al interés nacional. Recomendame dos libros recientes. Por lo general, leo libros viejos, pero si tuviera que elegir rápido dos libros recientes pero que no sean de la temática de Malvinas, elegiría “Callfucurá y los asuntos de la Patria” de Daniel Fernández y Mercedes Lovato y “Crisis económicas argentinas” de Julián Zícari. ¿Cómo es un día cualquiera de tu vida? Desde que me levanto hasta que me voy a dormir me pongo al tanto de lo que pasa en Malvinas. Eso se puede traducir luego en una charla presencial, una clase en la universidad, una capacitación virtual, un hilo de Twitter o un posteo en Instagram. Malvinas es una causa de 24hs. Recomendame una cuenta de Instagram y un disco. Un disco… Qué difícil. Me la juego por “Trillando la fina” de Almafuerte. Tiene el equilibrio perfecto entre rock, folclore, desplazamiento en ruta y charla reflexiva de asado. Una cuenta de Instagram: Agenda Malvinas @agendamalvinas //RR.PP.
- Escribo cuando puedo
por Juan Terranova Federico Soler es escritor y psicoanalista distópico. Su último libro se llama “Fábrica de animales.” ¿Cuando escribís? Escribo cuando puedo o cuando tengo una idea de algún relato y lo termino. Pero no tengo una rutina estructurada diaria. ¿Qué cosas te inspiran? A veces me inspiro cuando leo alguna imagen o alguna idea extraña, en lo narrativo. En lo poético me surgen imágenes o palabras que las llevo al papel y luego decido si es que me gusta o requiere corrección. Recomendame tres libros. Lolita de Nabokov, Shibari de Juan José Burzi y de Fonseca, El cobrador. Si pudieses elegir un destino en cualquier parte del mundo para ir en estos días ¿cuál elegirías? Si fuera hoy elegiría el sur de Francia, Toulouse o alguna ciudad de los Pirineos. ¿Estás escribiendo ahora? Ahora estoy corrigiendo un libro de relatos. Recomendame una cuenta de Instagram y un disco. No sigo ninguna cuenta en especial de Instagram. Me gusta mucho The Doors, cualquiera de sus discos.///RR.PP.
- El progresismo y la épica
por Juan Terranova El progresista rechaza la épica. Frente a esa disyuntiva clásica, siempre elige a Ulises, a Odiseo. ¿Por qué? Se siente astuto, audaz. Quiere quemarle su único ojo al monstruo. El cíclope le da asco, por eso lo ciega. Solo él, el progre, debe ser el que ve. Los rengos, los tuertos, los brutos no tienen ese derecho. De la Ilíada, el progresista recupera, con suerte, los dioses, Palas Ateneas, alguna descripción. Nada más. La guerra los espanta. No entienden el coraje. No entienden la bandera. ¿Por qué se pelea? Sin admitirlo se ponen del lado de Paris, bello, ladrón, promiscuo. Cuando le toca dar su opinión, el progresista excluye la épica. David Trueba dice que hacer muchas películas de superhéroes nos conduce al fascismo, y luego agrega, alucinando: “Hay fascismo de izquierdas y de derechas, que es un error también habitual. Han sido tan fascistas Stalin y Lenin como Hitler.” Pero la épica vuelve siempre. En la década del 50, con la resistencia peronista. En los 60, con la lucha armada. En los 70, con Robin Wood y editorial Columba. En los 80, con Malvinas. Y enseguida con Stallone y Schwarzegener, y la categoría “película de acción.” Héroes, combates singulares, injusticias, venganzas, violencia. Wagner le puso música a la épica y la llenó de matices. Al progresista tampoco le gusta Wagner, desde luego. Pero Héctor pelea contra Aquiles. Nippur de Lagash recorre Sumeria. Douglas Quaid viaja a Marte. Un avión de la Fuerza Aérea argentina ataca una fragata inglesa. En “Live free or die hard”, el malo le dice a John McClane que tiene a su hija y que la va a matar y John responde, serio, lacónico, “aguanta, baby, que ya voy para allá.” El progresismo se desarrolla en el palacio, el aula, la beca, el museo. La épica enseña a vivir, a caminar, a cantar el valor y a morir al aire libre.//RR.PP. PH: Legislatura Porteña / Felipe Devincenzi
- "Iría a recorrer el Baltoro"
por Agustina Carman // @agucarman // ¿Escribís todos los días? En los últimos meses, sí. ¿Qué cosas te inspiran o te dan ganas de escribir? El dolor. Recomendame dos libros recientes. James, de Percival EverettA pedazos, de Hanif Kureishi Si pudieses elegir un destino en cualquier parte del mundo para ir en estos días ¿cuál elegirías? Pakistán. Iría a recorrer el Glaciar Baltoro. ¿Estás escribiendo ahora? Sí, una novela. Recomendame una cuenta de Instagram y un disco. @die_workwear Es un periodista canadiense que escribe e investiga sobre moda masculina. Analiza confección, telas, patrones, y lo comunica de una manera muy entretenida y con una posición anti-consumo que me interpela. Piensa la moda en relación con la economía y la política, y defiende la idea de que no tener guita es el puntapié inicial para tener estilo.Un disco: To pimp a butterfly de Kendrick Lamar.// RR.PP.
- Final agónico y luto de los suplementos culturales
por Juan Terranova La idea del suplemento era buena. Estaban las noticias de política y economía, y después, para los diletantes, quedaba el suplemento cultural, donde un conjunto de periodistas sensibles contaban sus impresiones subjetivas sobre el arte y la literatura. En algunos diarios esta situación era eminentemente brutal, en otros, algo más refinada. Pero ahí estaban esas páginas, siempre bien perfiladas en lo ideológico. Así, a lo largo de décadas, los suplementos fueron mutando, intentando disimular el desprecio que ejercían los gerentes generales y editores jefes por los libros, la poesía, el arte y la ópera, productos entendidos fuera del ojo siempre exigente de las masas, que ellos decían conocer e interpretar. Los suplementos culturales en el siglo XXI sufrieron, muy pronto, el deterioro y la decadencia. ¿Por qué? La Nación intentó relanzamientos con populistas limpios como Fernández Diaz. Revista Ñ, cada tanto, volvía a ser puesta en valor, siempre retrocediendo. Y Radar se fue desgastando en su obstinada noticia sobre Bob Dylan. Sus editores, con el wifi cercenado, no entendieron qué era Internet ni mucho menos las redes sociales. Se autopercibían humanistas. Y así les fue. Hoy, salvo alguna vieja que compra libros en Yenny para las fiestas, nadie los lee. Con todo, hay que reconocer que participaron de ese equívoco que conocemos con el nombre de literatura argentina. Y eran útiles. Funcionaban como árbitros de un partido imaginario, pero partido al fin. (Publio Cornelio Tácito dixit, Gaius Petronius Arbiter.) Hoy lo nuevo pasa por el fenómeno de las ferias de libros. Las hay barriales, municipales y privadas. Todos los meses, todas las semanas, se organiza una nueva feria de libros, con distribución y vitalidad. Pero atendiendo a su nombre medieval, sacrifican la crítica. Las redes sociales demostraron una certera incapacidad para organizar el campo intelectual. Y en las ferias encontramos libros que no se ven ni en Internet ni en las librerías. Pero ya nadie nos dice qué leer y qué no, y en eso somos más pobres.//RR.PP. Obra: Cuadrado Negro / Malévich
- Los dos Carlos
Martín Prestía es doctor en ciencias sociales, especialista en Carlos Astrada y cantor de tangos. ¿Cuánto tiempo del día le dedicas a la música y cuánto a la filosofía? Soy menos sistemático y disciplinado de lo que quisiera. Pero todos los días leo y trato de escribir algo y también ejercitar la voz, aunque sea pasando repertorio. Va variando en función de fechas o cuestiones puntuales. ¿Qué referencias tenés, en música y filosofía? Carlos Gardel, que inventó el molde de cantor de Tango y lo rompió. Y Carlos Astrada, uno de los filósofos argentinos más importantes, a quien vengo laburando hace tiempo y editando para Meridión. “Los dos Carlos”, podría ser una pizzería. Recomendame dos libros recientes. “El crepúsculo del mundo”, de Herzog, sobre Hiroo Onoda, uno de los soldados japoneses que permaneció treinta años en la isla de Lubang pensando que la Segunda Guerra no había terminado. “Julián Centeya. Dueño del mundo que da la esquina”, del investigador rosarino Lautaro Kaller, sobre un personaje irremplazable del Tango y la cultura popular argentina. Si pudieses elegir un destino en cualquier parte del mundo para ir ahora, ¿cuál sería? Hace mucho que quiero conocer Japón. ¿Qué estás leyendo ahora? Varias cosas. Nombro tres: una biografía de Lubrano Zas sobre Gustavo Riccio, poeta del Grupo Boedo. Una adaptación al manga de “Frankenstein”, por Junji Ito. Y estoy releyendo el Martín Fierro. Recomendame una cuenta de Instagram y un disco. Un estreno de 1959: “Edmundo Rivero canta a Discépolo”, con la Orquesta de Héctor Stamponi. Instagram, @publicdomainrev //RR.PP.
- Ezeiza
por Ariel Magoc Ezeiza vuelve a ocupar el centro del imaginario argentino. La explosión del otro día, ruido seco, humo y confusión, reavivó esa mezcla de fascinación y espanto por un territorio que siempre funciona como frontera. Ezeiza es, para muchos, la puerta de escape: “la salida es Ezeiza” “Ezeiza o subdesarrollo”, repetida por quienes declaran que “Argentina es una mierda” y suben su última foto con el rostro despojado de libido y deseo en el aeropuerto donde dejan de ser profesionales de clase media para engrosar el proletariado agrícola de Australia o el ejercito de limpiadores de baños de Madrid. Ezeiza también es el título de unos de los libros fundamentales del canon antiperonista, ya no como vía de escape, sino como de retorno traumático, en ese caso del General Perón. Se trata de la publicación de Horacio Verbitsky donde el autor intenta dejar en claro que en Argentina las esperanzas detonan desde adentro. Circula en redes sociales un video muy gracioso donde unos pibes se juntan en una esquina donde ocurre un extraño fenómeno físico que hace que quienes pasan en moto por ese lugar terminan resbalando y cayendo al piso. El gag involuntario se completa con las risas y los gritos de cuidado de los espectadores. Si bien no se ve en que calles ocurre podemos suponer que es allí en el distrito liminal por el mural del club Tristán Suarez (no vas a encontrar un mural de los Lecheros en otro municipio) que hace de escenografía. En esa risa se cuela la intuición de que Ezeiza también es eso: un territorio donde conviven el desastre, la fuga y una vitalidad que insiste en aparecer en los lugares menos pensados. Quizás Ezeiza no sea ni la salida ni el problema, sino el espejo donde se reflejan nuestras contradicciones más crudas. Un punto bisagra donde cada argentino decide, aunque sea por un segundo, si se va, si vuelve, o si todavía puede quedarse y cagarse de risa. //RR.PP.










