NOTAS
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- La gran llanura /6
por Rodolfo Cifarelli Desde lejos parecía una iglesia abandonada. Desde cerca era una construcción cuadrada de ladrillos descoloridos con una extraña cúpula de metal dorado (oro o bronce) que destellaba como una fogata bajo la media luna primaveral. –Nunca vi un templo parecido en estos campos –dijo uno. –Siempre hay una primera vez –dijo otra. –Esa cúpula no tiene cruz –dijo otro. –Brilla demasiado –dijo el que habló primero. Dos fueron los designados para entrar. A y B. (en esta historia lo que menos importa son los nombres de los personajes). A y B llevaban escopetas de doble caño porque temían encontrarse un puma en la oscuridad. A y B traspasaron la arcada sin puertas, y no bien lo hicieron una sola y simple vela se encendió en una mesa plana, sobre un altar elevado a medio metro del suelo de tierra seca y helada, y todo, menos el interior de la cúpula, se iluminó como en un patio al sol. Entonces vieron que la mesa plana se sostenía sola sobre el aire, y que de las paredes se desprendía una opalescencia enceguecedora que avanzaba y reculaba, como la inminencia de algo. –Dónde estamos –dijo A. –Mejor ni saberlo –dijo B. –Por qué –dijo A. –Sólo sé lo que te digo –dijo B. Y terminó de decirlo cuando desde el interior de la cúpula bajó una columna de oscuridad que se interpuso entre ellos y la mesa plana. B. pegó media vuelta para irse cuando A. gritó. Estáticos contemplaron que la columna de oscuridad volvía rápidamente al interior de la cúpula, como absorbida por una boca oculta, y sobre la mesa plana flotante la vela había sido reemplazada por un enorme y apenas ondulante y equilátero triángulo negro en cuyo centro titilaba un ojo abierto de pupila e iris rojos. B le disparó primero. A lo imitó. El triángulo con el ojo permanecía inalterable. Una decena de hombres entró enseguida. Sin entender lo que pasaba, con escopetas y pistolas, igualmente, dispararon al triángulo. Una risa muy mansa les roció las caras con un aliento repugnante. Algunos cayeron al piso y vomitaron, otros retrocedieron sin dejar de disparar. –No gasten balas –dijo una voz inubicable en ese espacio. (Continuará.)
- Misteriosa Nueva York
por Felipe Devincenzi La fotografía documental surgió con los atardeceres parisinos de Atget, pero si pensamos en Nueva York, las cámaras se adaptaron a un paisaje metabolizado por la siderurgia y la inmigración. Naturalmente, los yanquis hicieron foco en el bullicio: velocidad, transeúntes, variables percibidas con virtuosismo por Alfred Stieglitz y cuyo reverso, más bien taciturno, fue obsesión de Ascher Fellig. Fellig nació en Austria en 1899 y llegó a Estados Unidos a los diez años. Pasarían otros cincuenta antes de que publicara Weege by Weege , ya consagrado, memorias que describen una infancia miserable y una formación autodidacta. Ahí cuenta que sus primeros trabajos variaron de hacer cianotipos en Central Park a capturar edificios destruidos para aseguradoras, rutina sensible a las horas extras, a los pernoctes en Penn Station y otros tugurios que le permitía el bolsillo cada tanto. “La primera mujer en decirme querido ”, dice al respecto, “fue una puta”. La cita no es arbitraria: durante décadas inmortalizaría los márgenes de la gran manzana, durmiendo de día y noctambulando entre alcantarillas humeantes y clubes repletos de mafiosos y laderos. Su obra proliferó tras renunciar al cuarto oscuro de la agencia ACME, cuando al fin pudo comprar una ICA Trix alemana y luego la célebre Speed Graphic , muy común entre los reporteros de entonces. Con esa Graflex , Fellig devino en el Weegee interpretado por Joe Pesci en The Public Eye (1992): un tipo de corta estatura y gabardina que patea la madrugada en modo Marlowe, que sintoniza la radio policial e improvisa su laboratorio en el baúl del auto. Para colmo, tenía una intuición cuasi mentalista, por lo que llegaba a la escena del crimen antes que el oficial de turno, logrando primeras planas con pasmosa regularidad. Pero si el amarillismo pagaba el alquiler, su ambición fue captar la intimidad más visceral de la ciudad que tanto amaba. El proyecto se consumó recién con Naked City (1945), libro pionero en su especie, usualmente agotado y reeditado en 2020 por Damiano . No sorprende que esas imágenes fueran expuestas en el International Photography Center hace unos meses: las noches de Weegee condensaron el halo críptico de Atget, y anticiparon la Buenos Aires que desnudaría Horacio Coppola.
- Música y destrucción
por Sebastián Napolitano 1 . La música se termina cuando empieza la terapéutica, cuando aparece cualquier intento de cura. 2 . Cada cierto tiempo, escuchamos a alguien hacer una apología de la lectura. "Hay que promover la lectura en los jóvenes, la literatura nos hace mejores." Esto es falso. Como decía Lichtenberg, los buenos libros son como un espejo; hacen más inteligentes a los inteligentes y más tontos a los tontos. Con la música pasa lo mismo. 3 . Es cierto que la música puede afectar nuestras conexiones neuronales, aliviar el sufrimiento de un paciente. Hay sólidos estudios científicos al respecto. El problema es confundir un efecto con la esencia. 4 . La lectura, la escucha, se transforman así en un ejercicio cognitivo, en una medicina. La reducción pasa por alto que no siempre necesitamos aquello que nos hace bien. Al reducir el objeto a un medio, al mezclar los efectos con los fines, la experiencia se vuelve incompleta, tristemente funcional. 5 . Esta confusión suele producir dos cosmovisiones opuestas. De un lado, los que entienden la obra como un síntoma, una consecuencia inevitable de la época. Del otro, como una abstracción, un juego combinatorio. Ninguno de estos puntos de vista –que por alguna razón que desconozco, tienden a ser excluyentes– sirve para acceder al fenómeno musical en toda su dimensión. 6 . La música puede destruirte. Si no me creen, escuchen a Beethoven.// RR.PP.
- La gran llanura /5
por Rodolfo Cifarelli Por las noches, alrededor de los fogones, era común que alguien contara una historia. Una noche uno, de barba entrecana, hasta entonces enigmáticamente parco, dijo: –Una madrugada neblinosa despertamos con un repiqueteo de metralla. Enseguida empezaron a caer las bombas. Cuando el ataque terminó el capitán ordenó una recorrida por los lugares bombardeados. Adentro y fuera de los pozos de zorro encontramos los cuerpos despedazados por las ondas expansivas. Volvimos a los pozos y nos dispararon desde el otro lado de la niebla. Un helicóptero nuestro pasó con una bandera blanca y ya no hubo disparos. Los superiores nos ordenaron entregar el armamento. Enterré la bayoneta y los cargadores, pero no me dio el tiempo, la puta madre, para enterrar el FAL. Caminamos con las manos en la nuca. Antes de embarcarnos en el buque nos sacaron las medallitas, los encendedores y los cordones de los borceguíes. Llegamos de noche y nos transportaron a un campo cerrado en las afueras de la ciudad apenas iluminada. Fuimos interrogados por separado. Nos interrogaron para saber si nos habían interrogado en el buque. Después del interrogatorio me dijeron que no contara a nadie todo lo que había visto en las islas. Ni a mí mismo. Les dije que eso era imposible. Pero no me respondieron y me ordenaron que me fuera. Fui por una banquina hasta que encontré una estación. Subí a un vagón vacío, me senté junto a la ventanilla. Cuando me despertó una palmada en el hombro vi por la ventanilla el andén colmado de gente gritando viva a la patria y cosas así. Había tenido una pesadilla. El vagón también estaba colmado. Cuando conseguí bajar al andén un cabo se me vino encima y dijo: Vaya con los que están esperando frente a los camiones. En diez minutos salimos hacia los aviones que van a las islas.// RR.PP.
- Matthew McDonald, poeta
por Felipe Devincenzi No es común que un instrumentista se aboque a la escritura, quizás porque ambos oficios son inciertos y solitarios. Aun así, esta interacción es el combustible de Gran Partita , poemario editado en Inglaterra por Moist y pronto a publicarse el 28 de febrero. Matthew McDonald, el autor, creció en Camberra, Australia, para luego formarse en Sydney y ganar un lugar de prestigio en la Filarmónica de Berlín . Su primer libro se aleja de toda solemnidad: cada página despliega una intimidad cotidiana, postales que sintetizan un pensamiento a veces irónico, otras fabulador, pero siempre devoto de la música. Me gustaría empezar con esta cita de tu libro: There were many times (…) when musical notes were more real for me than anything else . ¿La Poesía compartió siempre ese lugar primordial, o se intensificó con los años? De chico me gustaba todo lo que rimara, particularmente El libro de los gatos habilidosos del viejo Possum de T. S. Eliot, y también escribía poemas. En la adolescencia seguí escribiendo e incluso terminé una novela que luego perdería en un colectivo. Por esos años estaba obsesionado con T. S. Eliot, Dylan Thomas, John Donne, y era seguro que estudiaría Letras en la universidad. Pero bueno, a los quince apareció el contrabajo y se convirtió en una pasión absorbente… Igual siguió cautivándome la superposición de ambos mundos, como las citas de Wagner en The Waste Land , los poemas del War Requiem de Britten o las canciones de Schumann. Si bien nunca dejé de escribir, durante un par de décadas fue un viejo pasatiempo... Y hoy, ya hace ocho años, vuelvo a sentirme como ese primer lector adolescente: enamorado de la Poesía. Veo que la ironía y el humor están muy presentes en tus poemas... Incorporar el humor en la escritura es fundamental para que ciertos textos se sientan genuinos. No es que intente ser gracioso, solo que la forma en la que veo y sobrevivo al mundo suele ser a través del humor o del absurdo. Es un arma de doble filo, porque te ayuda a mirar ciertas cosas de cerca y en otras te saca de eje. Por otro lado, creo que el humor también puede ser tremendamente conmovedor: todos hemos hecho algún chiste para cerrar una charla dolorosa, como si fuera una suerte de silencio verbalizado... Es como decir “no puedo hablar de esto”, pero de una manera que hace reír a los demás, y eso me parece muy hermoso. ¿Esto tiene alguna relación con Mozart -de donde viene el título del libro- o con la foto de portada? No diría que el humor tenga relación directa con Mozart, pero ya que lo mencionás, su equilibrio entre seriedad e irreverencia es lo que lo vuelve un personaje tan entrañable. Más allá del genio deslumbrante de Mozart, amamos su música por la forma en que contiene todo lo que implica ser humano, desde la desesperación hasta la frivolidad. Incluso sus cartas eran obscenas e hilarantes... La portada del libro, en todo caso, es una foto que saqué durante una gira, en algún lugar entre Chicago y Ann Arbor. La sonrisa ridícula del muñeco inflable doblegado por ese viento gélido resume, a mi entender, lo que a veces se siente estar vivo: nos reímos en la medida que es posible, nos caemos, nos volvemos a levantar. Digresión, ironía y aforismos componen el mapa de Gran Partita , donde confluyen diversos géneros en temas específicos. A veces destacan ensayos breves, otras una elegía familiar o un poema dedicado a Bashō, a Schubert, a Tomas Tranströmer. En el medio surgen reviews : notas de viaje, escritas en la premura de las giras, abocadas a capturar momentos concisos, sea la impresión de una cena, la soledad de un departamento o paisajes que van desde Minnesota a Taipei. Gran Partita es heterogéneo; ¿cómo surgió la idea de condensar todo en un libro? Con el poema Octopus Rehearsal : la compositora Cathy Milliken me pidió que escribiera un texto para un encargo del Cuarteto Arditti . Quería un poema que de algún modo captara la esencia del grupo, y no tenía que ser necesariamente largo, ya que solo se leerían unos fragmentos durante la performance. Hasta entonces había evitado hablar de música en mis poemas, sobre todo porque no sabía cómo hacerlo, pero con la obra de Cathy, In Speak , no tuve alternativa. Ese proceso fue liberador: algo se desbloqueó y empecé a permitir la presencia de la música en mi escritura. Al cabo de un tiempo tenía muchos poemas al respecto, y pensé que podía armarse un libro, aunque no fuera el tema exclusivo de Gran Partita . En definitiva, me gusta pensar que ciertos poemas toman la música como punto de partida para explorar otras inquietudes... Y los distintos géneros, bueno, surgieron por ensayo y error: si una idea no funcionaba de cierta manera, la probaba de otra, y a menudo el nuevo género derivaba en nuevo contenido. Hablemos de la posibilidad de trasladar ciertas nociones de la Música a la Poesía. Pienso en Elegy I , que empieza con cierta ligereza pero continúa en crescendo... No sé si es consciente o no, pero las estructuras típicas de la música clásica se terminan filtrando. Aunque son las mismas de otras artes, o sea la idea de que un conflicto crece y tiene una resolución o no. En música suele hablarse del paso de lo rápido a lo lento, de tonalidades mayores a menores, de la introspección de un Adagio a un Scherzo . Lo que me encanta de los poemas largos es el espacio que ofrecen para desplazarse de a poco por distintos estados de ánimo, empezar en un lugar casi banal y terminar en otro más contemplativo... Gran Partita , el poema que da el título, está dividido en siete secciones, como la serenata para vientos de Mozart, aunque estructuralmente se parece más a un movimiento de tema y variaciones, porque se presenta un motivo sencillo y luego se lo trabaja con una complejidad cada vez mayor. No estoy seguro de que la influencia de lo clásico sea directa, pero el proceso de escritura se sintió similar: trabajar con una idea simple y ver a dónde me llevaba. De hecho, si me hubiera propuesto escribir una Elegía desde el principio, no hubiera sabido cómo empezar. Inevitablemente hay más experimentación que la permitida al intérprete, que depende de la partitura... ¿La escritura te parece una acción complementaria, o más bien liberadora? Algunos días pienso que escribir es completamente ajeno a tocar, y otros es como si ambos fueran el mismo mar. Los límites, como músico clásico, están más definidos, y yo no soy compositor, por lo que resulta liberador escribir cosas raras sin preocuparme de reglas preestablecidas. Pero la verdad es que cuando corrijo mis poemas, la sensación no es tan distinta a la de buscar una digitación para un pasaje: lo que elija en un sitio va a tener efecto en otro. En ese sentido, la sensación de libertad de un borrador desaparece apenas te das cuenta de que cada texto tiene sus reglas y que, si no les prestás atención, fracasa. También hay que decir que, a pesar de todas las reglas de la música clásica, hay un espacio infinito para la creatividad: desarrollar una frase musical es como escribir un verso, al menos en lo que respecta a cómo manejás el ritmo, el color y la articulación. A fin de cuentas, usamos palabras para describir la música y términos musicales para describir la poesía… En paralelo a su actividad con la Berlin Phil , McDonald realizó una maestría en escritura creativa en la Open University del Reino Unido. En 2022 comenzó a antologar autores contemporáneos en inglés, resultando en la publicación estacional de Berlin Lit . ¿Qué es lo que más disfrutás al editar tu revista? Empecé por curiosidad, probando con un editor web una tarde cualquiera. Después anuncié que el sitio estaba abierto a colaboraciones y terminó siendo una locura… Recibo centenares de propuestas, y después de varias semanas de lectura, encuentro un poema que además de ser brillante, es el adecuado para la publicación. Entonces surge la sensación de que otros poemas se sienten atraídos por este último… En definitiva, intento curar la revista como si fuera una colección, buscando la conexión entre los textos, y siempre disfruto de leer esos poemas maravillosos, tan frescos e inéditos, y de ofrecerles un espacio donde estén bien acompañados. Además de esos autores inéditos, quería preguntarte qué artistas te inspiran. Mi autor favorito suele ser el que estoy leyendo en el momento. Me gusta leer poemarios enteros como si fueran novelas, para hacerme una idea de cómo trabaja el poeta, o literatura con la que no conecto de manera instintiva, solo por curiosear técnicas nuevas. Pero siendo específicos, están Anne Carson, Mary Ruefle, James Tate, Claudia Rankine, Lyn Hejinian, Luke Kennard, Mark Leidner, Tomas Tranströmer y Ben Lerner. Últimamente releo mucho a Seamus Heaney, y me encantó Wellwater , el libro de Karen Solie que ganó el premio T. S. Eliot . De hecho, T. S. Eliot fue un faro en mi adolescencia, pero tuve que alejarme porque no paraba de copiarlo. Lo mismo me pasa con Jon Fosse y Thomas Bernhard… Y en cuanto a la música, sinceramente, quienes más me inspiran son mis colegas de la Berliner Philharmoniker , no solo por cómo tocan en el escenario, sino por ver cómo se mantienen curiosos, en dedos, enamorados del repertorio año tras año, tocando con total entrega pase lo que pase en sus vidas personales. Este año van a tocar en Buenos Aires. ¿Cuáles son tus expectativas? Enamorarme de la ciudad, de su gente, de la comida, de su música… Para cerrar, si pudieras convertir una pieza musical en literatura: ¿Cuál sería? Sin dudas, la Cuarta Sinfonía de Sibelius . Siempre pensé esa obra como un largo poema: los temas aparecen, pero se abandonan antes de desarrollarse, o se desarrollan en fragmentos. Hay afirmaciones autónomas, non sequitur , toda una gama de estados anímicos en un espacio de tiempo breve. Y como obra, termina con más preguntas que respuestas, dejando espacio para que el oyente llegue a sus propias emociones, a diferencia de, digamos, Mahler, que deja bien claro qué es lo que quiere que sientas. Desde luego que es una sinfonía con lugares sombríos, pero no dejan de ser el telón de fondo para que surjan cuestiones más complejas. Gran Partita fue curado por Hugh Nicholson y Nastassja Simensky y puede encargarse en la página de su editorial. Matthew McDonald, a su vez, visitará el Teatro Colón en octubre de este año , donde tocará Tchaikovsky junto a sus compañeros de la Berliner Philharmoniker y el director Kirill Petrenko. Video: McDonald toca Cesar Franck Traducción del inglés: Felipe Devincenzi
- La Iglesia de los Tzotziles
por Felipe Devincenzi Zopilotes, nauyacas, bejucos, guaraches, huipiles. El Estado mexicano reconoce oficialmente 68 lenguas originarias. Inevitablemente, esas palabras ancestrales se mezclan con las nuestras, por lo que visitar este país es aceptar que conocemos el castellano aún menos de lo que suponíamos. El museo antropológico de Chapultepec apenas sugiere esta complejidad. De hecho, se estima que los indígenas representan el 1% de los capitalinos, mientras que en Chiapas son un cuarto de la población. Una región que recorrí en círculo, partiendo por Tuxtla, zigzagueando la zona de Palenque, adentrándome en la selva lacandona y al fin volviendo por la 307, ruta que traza un meridiano perfecto sobre Guatemala. Indígenas, claro, eran los pasajeros de esas combis públicas, repletas de bolsones y animales, como también lo eran quienes me guiaron hacia las ruinas de Yaxchilán, o hacia los caracoles zapatistas, o el taxista que me acercó al cruce fronterizo de Mesilla. Chamula no es la excepción. Sus calles de ripio orbitan San Cristóbal con un hermetismo difícil de explicar; de noche es un pueblo desolador, casi escalofriante, y durante el día se agrupan bondis con turistas y chilangos curiosos, empecinados en ver el interior de su Iglesia. Tienen buenas razones: por fuera es un templo convencional, la fachada blanca con triple espadaña, los fileteados multicolor, pero adentro golpea una gravedad insólita. Como las fotos están prohibidas, paso a describir. Por supuesto que hay velas: no miles, sino cientos de miles languideciendo sobre un suelo alfombrado con hojas de pino. Las paredes exhiben figuras de santos y espejos que multiplican la penumbra. El olor es incisivo. Por doquier hay chamanes, quienes asisten rondas de fieles en ceremonias de rumor maya, haciendo ofrendas con bebidas de kiosco, dulces, algunas verbenas. Las familias se sientan en el suelo y alumbran sus cirios. De una vieja caja, un sacerdote extrae una gallina; la frota contra la piel de un niño, susurra una oración, le rompe el pescuezo. Relojeo, me laten las sienes y entonces dudo. Esa sangre que gotea desde el plumaje blanco, manchando las hojas de pino… ¿Es la de Cristo? // RR.PP. Foto: Procesión / Felipe Devincenzi
- Un recuerdo de cuando murio Maradona
por Juan Blanco We have plenty of matches in our house Currently our favourite brandls Ohio Blue Tip(...) It’s one-and-a-half-inch soft pine stem(...) stubbornly readyTo burst into flame Lighting, perhaps the cigarette of the woman you love For the first time And it was never really the same after that Ron Padgett, “Love Poem” Cuando murió Maradona hacía un mes que hablaba con Sofía y vivíamos en ciudades distintas. Nos conoceríamos recién un mes más tarde. Murió el miércoles y el tema lo abarcó todo durante varios días. Ella estaba más golpeada que yo. El viernes siguiente por la noche estábamos chateando y yo tenía que entrar a bañarme, pero no lograba prender el calefón. Usaba fósforo tras fósforo y nada. Yo le iba contando estos fracasos y ella se burlaba de mi inutilidad. Cuando la gracia cumplió su ciclo y ya me había empezado a irritar, queriendo simplemente que prenda de una vez, vi a todos los fósforos usados ahí, amontonados, y se me ocurrió algo: los acomodé de modo que dibujaran un número 10. Como los fósforos son rectos, el cero quedó bastante rectangular, tal como en las clásicas camisetas de Maradona. Saqué una foto y se la mandé. Respondió: “Es para invocar que el calefón prenda en el próximo intento”. Me sentí envalentonado. Dejé el teléfono sobre la mesada, con el chat abierto. Me concentré. Prendí un fósforo e intenté una vez más. Sostuve el botón sintiendo la fuerza en el antebrazo izquierdo, cuidando mi precisión. Pero cuando solté se apagó. Lamenté que no se cumpliera la profecía. Pero me revolví contra ese destino e intenté otra vez, apurado para que no pasara tanto tiempo sin contestar. Tampoco prendió. Después hice un tercer intento negligente, el menos cuidado de todos, como de bronca, para rematar la frustración, y cuando solté el botón… zaz: prendido. Le mentí que había prendido a la primera, justo después de armar el 10, y festejamos.// RR.PP. Foto: Maradona Niño / Felipe Devincenzi
- "Mi máxima inspiración es el noticiero"
Jonás Chaia De Bellis es escritor. Publicó un libro de poemas titulado “Mensajes de advertencia grabados en nuestros fósiles.” ( @editorialmeridion ) ¿Escribís todos los días? Diría que casi todos los días escribo algunas líneas. Se me ocurre algo, aunque sean dos palabras, y las anoto en el teléfono; después veo qué hago con eso. Simulo ser el Agente Cooper, que andaba con el grabador portátil preparando cintas para Diane. Me sirve porque, de todos modos, suelo trabajar con esas pequeñas imágenes. ¿Qué cosas te inspiran o te dan ganas de escribir? Mi máxima inspiración es el noticiero. Recomendame dos libros recientes. Aniquilación de Houellebecq (la atmósfera de guerrilla híbrida en la que transcurre la novela está construida de manera tan perfecta que me parece haberlo vivido; esa amenaza que, como siempre en sus novelas, no genera desesperación sino resignación) y Los reyes de la casa de De Vigan (lo mejor que leí relacionado al tema de las redes sociales y eso). Si pudieses elegir un destino en cualquier parte del mundo para ir en estos días ¿cuál elegirías? Sorrento o Nápoles o cualquier lugar en las inmediaciones del Vesubio. ¿Estás escribiendo ahora? Escribí mucho en el verano, pero después se me cayó el año en la cabeza, como el yunque cae sobre el Coyote. Pero como te decía, algo siempre registro. Después lo uso. Recomendame una cuenta de Instagram y un disco. Un dibujante digital de Suecia que tranquilamente podría ilustrar el paisaje de Aniquilación de Houellebecq del que te hablaba antes: @georgjutvall Si el disco tiene que ser reciente, te recomiendo Ekpyrosis de Avernal que acaba de salir (cada disco que sacan es mejor que el anterior). Si no tiene que ser reciente, hoy por hoy te diría Human de Death.// RR.PP.
- La gran llanura /1 (Una fábula)
por Rodolfo Cifarelli Una tarde de cielo de hormigón y llovizna filosa un hombre caminaba solo por la gran llanura. De a ratos se rascaba la cabeza y hablaba en voz alta. Dos hombres, guarecidos bajo un árbol para no mojarse, lo oyeron a la distancia. Empezaron a caminar junto a él, que decía cosas como: – Primero mataron a los indios, después a los gauchos y ahora vienen por nosotros, que no sabemos qué o quiénes carajos somos. A los pocos días eran seis hombres y cinco mujeres caminando por la gran llanura. Bastaba que alguien pidiera la palabra y se le concedía. – Cuando uno sabe qué y quién es, sabe lo que debe hacer –dijo uno. – Todos nuestros enemigos parecen poderosos –dijo otro cuando se pusieron de acuerdo sobre quiénes eran los enemigos–, pero son apenas pumas de papel. – Es cuestión de tiempo conseguir los recursos y precisar los procedimientos eficaces para derrotarlos –dijo otra. Habían decidido por unanimidad internarse hacia el sur, evitando el cruce aún inoportuno con alguna partida. Mientras afinaban criterios y preparativos y los grillos se posaban en las puntas de sus dedos, otros se les fueron sumando. La luna envolvía sus cuerpos con estambres fosforescentes, el sol con máculas radiantes.Ya eran treinta hombres y veinte mujeres cuando el más viejo de todos, fijando una mirada absorta en una gran nube blanca, dijo: –Eterno Padre: gracias por no responderme nunca si lo torcido será enderezado, si lo enderezado será enaltecido y si lo enaltecido será al fin esa nueva era de la que hoy todo deseamos. Solían detenerse fascinados por la caída de una estrella fugaz o por los últimos surcos del atardecer en el horizonte. Luego retomaban la marcha. Caminaban. Caminaban. Y caminaban.//RR.PP. Foto: Juan Rulfo
- Las dos apariciones de Ritondo en mi vida amorosa
por Juan Blanco 1. Héroe Octubre 2024. Iba a verme un viernes con una chica que se acababa de separar. El entusiasmo era mayor al normal por ese fulgor de una oportunidad antes vedada. El día anterior le doy me gusta en Bumble a una chica que, un segundo después de hacerlo y que sea irreversible, noto que es la mejor amiga de la otra. Amigas de la infancia. Me lamento y pienso que incluso podría llegar a suspenderse el encuentro del día siguiente. Pienso en eliminar la cuenta pero recuerdo que alguna vez escuché que después de eliminarla igual sigue visible por un mes. No hay tiempo de chequearlo. Se me ocurre otra solución: borrar todas mis fotos y que no pueda ver que fui yo quien le dio me gusta. Entonces borro la biografía y elimino las fotos pero la aplicación no me deja quedar sin ninguna foto, así que agrego apurado la primera que encuentro en la galería. La acaban de mandar a un grupo, burlándose por algo, y es una foto de Cristian Ritondo recibiendo un premio en la legislatura porteña. Así que el perfil queda diciendo “Juan, 26”, sin biografía y con esa foto de Ritondo. Con la otra chica tenemos un cordial romance de dos meses. 2. Villano San Telmo, invierno de este año. Después de una cita estábamos esperando su Uber en una esquina. El Uber es aceptado y la aplicación dice que va a llegar en siete minutos. Siete minutos para darnos un beso. Siento que ella me está dando lugar, porque nos miramos de cerca, pero el tema no pega: estamos hablando de política y, en ese momento, estamos diciendo algo sobre Ritondo, que no sé por qué ha sido noticia esa semana. Entonces trato de cambiar de tema, de ir al famoso tono “Mati devolveme el buzo” que suele preceder a un primer beso. Ese giro necesitaba algo de tiempo ya que debía ser gradual. Cambiar abruptamente hacia ese tono puede hacerte quedar como un tonto, o al menos esa era mi sensación. Mientras ponía todas mis fuerzas en lograr ese giro, llegó Roberto. El insidioso y desalmado Roberto de Uber, arruinándolo todo. Soy pudoroso, no iba a tirarme un piletazo ahí, a último momento, con Roberto mirando. Así que nos besamos en el cachete y se fue.///RR.PP.
- Sobre el lenguaje inclusivo
por Juan Terranova El llamado “lenguaje inclusivo” proponía una transformación en nuestro idioma. Pero ¿qué tipo de transformación? Desde luego, cambiar la lengua no implica un efecto instantáneo en lo social, ni en los sujetos. El “hacer cosas con palabras” de Austin señala una operación sutil, tiene un límite. Y si algo no producía el lenguaje inclusivo era inclusión. Ningún colectivo desprotegido o vulnerado recibía ayuda. El lenguaje inclusivo, tanto en lo oral como en lo escrito, construía, al contrario, una distinción, una diferencia, generaba una élite que, sin pudor, presumía de su esclarecimiento, opacando la lengua. El intento de operar en el idioma de los argentinos tiene tradición. No hay mucha novedad en que la socialdemocracia liberal intente imponer la e, la x, etc. Lo nuevo es que el peronismo, un movimiento que históricamente elaboró su propia lengua, adopte esas imposiciones sin cribas. Pero también sus representantes comenzaron a hablar de forma institucional, fría, correcta. El político se presenta ya como funcionario. Sobran ejemplos. Cristina usó las cadenas nacionales para aleccionar. Massa hizo campaña con tecnicismos. Es posible hablar de manera tal que se excluya al que escucha y, muy rapido, sindicarlo de tonto o malo, un sujeto que no sabe, no participa de la conciencia. Milei, por el contrario, golpea con el insulto y el mal gusto para subrayar su compromiso y su convicción. En el siglo XXI, una elite global construyó un manual, un protocolo. La política lo tomó: Si se habla de forma popular, se está siendo discriminador. Si levanta la voz, se está siendo violento. Se importó un vocabulario que recorta: emponderarse, autopercibirse. El exabrupto, capital político del marginado, se tachaba de la lista. Noviembre, 2025. Lula promulga una ley que prohíbe el uso de lenguaje inclusivo. La normativa exige “no utilizar nuevas formas de flexión de género y número de palabras en portugués contrarias a las reglas gramaticales establecidas.” El peronismo tiene un solo objetivo a futuro. Reconectar eso que se desconectó. En el medio está el negocio de los que ganaron desconectando.// RR.PP.
- “Me iría a la granja de mi amigo en el medio de la nada”
Marina Caamaño es escritora, vive en Brasil y acaba de publicar “Bienvenidos al paraíso” por Editorial Ouiea! ¿Escribís todos los días? Escribo todos los días, en la compu o en una cuaderno o en una servilleta o en el celular o en los márgenes del libro que esté leyendo. Siempre hay algo aunque no siempre termine en algo. ¿Qué cosas te inspiran? Lo absurdo y ridículo de lo cotidiano, de la gente. Cosas que pasan o que escucho o que veo y se me quedan atoradas en la cabeza por alguna razón que necesito entender porque. Recomendame dos libros recientes. Libros: las aventuras de la china iron fue lejos uno de los mejores que leí este año y People scare me me gustó mucho Si pudieses elegir un destino en cualquier parte del mundo para ir ahora ¿cuál sería? Me iría a la granja de mi amigo en el medio de la nada a estar rodeada de gallinas, burros, gatos, perros y campos de maíz por todos lados ¿Qué estás leyendo ahora? Estoy leyendo Comedy de Mathias Svalina, el cuerpo resiste de Matguillan y the glimmering room de cynthia cruz Recomendame una cuenta de Instagram y un disco. De instagram me gusta seguir cuentas de recetas de comida que nunca me salen igual, pero la de Britney Spears es una joya. Y disco, me volví a obsesionar con Miami de Babasónicos hace unas semanas y lo estoy poniendo sin parar.//RR.PP.











